Cuando te vas a tu país de Italia
y yo muy solo me quedo en Maragall,
esta calle que nunca nos ha hecho gracia
se me vuelve lugar de un gris inútil baile.
Ausiàs March me viene a la memoria,
su viejo canto, de golpe, se me aclara,
en casa solo, inmerso en la obsesión
de mi deseo de ti, que es grande y crece:
"Pluguiera a Dios que mi pensar fuera muerto
Y que pasara mi vida durmiendo".
Entiendo muy bien, desgraciada suerte,
la última raíz de este triste pensamiento,
su por qué atávico, joven, fuerte
siento en mí, cautivo, profundamente.
En la cama tan grande de italiana medida
paso las noches sintiendo tu ausencia,
no duerme quien quiere ni es de olvido la vida,
amor, amor, es dura la sentencia.
Cuando te vas a tu país de Italia
el dolor viene a hacerme compañía,
y no se va, que crece en su largura,
despierto de noche agita, mortecino, de día.
Me pasa eso y tantas otras cosas
sintiéndome solo que es sentirte lejos;
lo veo muy claro cuando hace ya ciento veinte horas
que cuento el tiempo que lentamente se desliza.
Vendrá tu cuerpo que suavemente me pones
en mi cuerpo cuando nos sentimos muy juntos,
y florecerán mejor que nunca las rosas:
poco a poco nos cerraremos como un puño.
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