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El Hombre de las Castañas

Ary Dos Santos

O Homem Das Castanhas

Na Praça da Figueira,
ou no Jardim da Estrela,
num fogareiro aceso é que ele arde.
Ao canto do Outono,à esquina do Inverno,
o homem das castanhas é eterno.
Não tem eira nem beira, nem guarida,
e apregoa como um desafio.

É um cartucho pardo a sua vida,
e, se não mata a fome, mata o frio.
Um carro que se empurra,
um chapéu esburacado,
no peito uma castanha que não arde.
Tem a chuva nos olhos e tem o ar cansado
o homem que apregoa ao fim da tarde.
Ao pé dum candeeiro acaba o dia,
voz rouca com o travo da pobreza.
Apregoa pedaços de alegria,
e à noite vai dormir com a tristeza.

Quem quer quentes e boas, quentinhas?
A estalarem cinzentas, na brasa.
Quem quer quentes e boas, quentinhas?
Quem compra leva mais calor p'ra casa.

A mágoa que transporta a miséria ambulante,
passeia na cidade o dia inteiro.
É como se empurrasse o Outono diante;
é como se empurrasse o nevoeiro.
Quem sabe a desventura do seu fado?
Quem olha para o homem das castanhas?
Nunca ninguém pensou que ali ao lado
ardem no fogareiro dores tamanhas.

Quem quer quentes e boas, quentinhas?
A estalarem cinzentas, na brasa.
Quem quer quentes e boas, quentinhas?
Quem compra leva mais amor p'ra casa.

El Hombre de las Castañas

En la Plaza de la Higuera,
en el Jardín de la Estrella,
en un fogón encendido es que él arde.
Al canto del Otoño, en la esquina del Invierno,
el hombre de las castañas es eterno.
No tiene techo ni abrigo, ni refugio,
y pregonando como un desafío.
Es un cartucho pardo su vida,
y, si no mata el hambre, mata el frío.
Un carro que se empuja,
un sombrero agujereado,
en el pecho una castaña que no arde.
Tiene la lluvia en los ojos y tiene el aire cansado
el hombre que pregonando al final de la tarde.
Al pie de un farol termina el día,
voz ronca con el sabor de la pobreza.
Pregonando pedazos de alegría,
y por la noche va a dormir con la tristeza.
¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Chisporroteando grises, en la brasa.
¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Quien compra lleva más calor a casa.
La pena que lleva la miseria ambulante,
pasea en la ciudad todo el día.
Es como si empujara el Otoño adelante;
es como si empujara la neblina.
¿Quién sabe la desventura de su destino?
¿Quién mira al hombre de las castañas?
Nunca nadie pensó que allí al lado
arden en el fogón dolores tan grandes.
¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Chisporroteando grises, en la brasa.
¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Quien compra lleva más amor a casa.

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