Céu Em Chamas
No horizonte a tempestade vem
Trazendo sombras que o dia escondeu
Entre trovões e raios, a dor que me mantém
O que era claro, o destino escureceu
Deixo pra trás o medo e a dor
Nas cinzas vejo um novo alvorecer
O céu queimando traz um novo amor
E na luz do fogo, vou renascer
No brilho das chamas, vejo a liberdade
Cada faísca é um novo amanhecer
No calor do fogo, encontro a verdade
E nas cinzas, um novo ser
Céu em chamas, queimando a escuridão
A verdade surge, em meio ao trovão
Céu em chamas, brilha a redenção
Na luz do fogo, encontro a razão
Na estrada da vida, caminhei sozinho
Perdido entre os sonhos e a realidade
As estrelas apagaram o meu caminho
Mas o fogo acendeu minha vontade
O fogo acende o caminho que escolhi
Na luz das chamas, encontrei meu lugar
Céu em chamas, queima o que sofri
E na nova aurora, volto a sonha
Cada chama reflete um desejo
Um grito de esperança no silêncio
No calor do incêndio, sinto o beijo
Da vida renascendo, sem lamento
Cielo en Llamas
En el horizonte la tormenta viene
Trayendo sombras que el día escondió
Entre truenos y relámpagos, el dolor que me sostiene
Lo que era claro, el destino oscureció
Dejo atrás el miedo y el dolor
En las cenizas veo un nuevo amanecer
El cielo ardiendo trae un nuevo amor
Y en la luz del fuego, voy a renacer
En el brillo de las llamas, veo la libertad
Cada chispa es un nuevo amanecer
En el calor del fuego, encuentro la verdad
Y en las cenizas, un nuevo ser
Cielo en llamas, quemando la oscuridad
La verdad surge, en medio del trueno
Cielo en llamas, brilla la redención
En la luz del fuego, encuentro la razón
En el camino de la vida, caminé solo
Perdido entre los sueños y la realidad
Las estrellas apagaron mi camino
Pero el fuego encendió mi voluntad
El fuego enciende el camino que elegí
En la luz de las llamas, encontré mi lugar
Cielo en llamas, quema lo que sufrí
Y en la nueva aurora, vuelvo a soñar
Cada llama refleja un deseo
Un grito de esperanza en el silencio
En el calor del incendio, siento el beso
De la vida renaciendo, sin lamento
Escrita por: Fernando Serrilho