Borracho
Pobre borracho... ajoelhado
no oratório do bolicho!
Teu presente é como o lixo
que sobrou do teu passado.
Tens o futuro castrado
de esperança e ilusões.
Te incorporaste aos balcões
das pulperias do pampa...
Se vives a meia guampa
encharcado de bebida,
é pra esquecer a caída
dessa outra bebedeira
que tomas, a guampa inteira,
no copo amargo da vida.
Mastigando o teu silêncio,
como quem reza baixinho,
vais garganteando aos pouquinhos
teu ato de contrição,
feito de canha e limão
por monges de estranha cúria,
nesta liturgia espúria
praticada no balcão.
Mas não tem quem te absorva,
nem que ouça a tua reza...
Geralmente te desepreza
a maioria, borracho.
E, assim, vais vivendo guacho
de carinho e compreensão.
Mas eu te respeito, irmão,
pois diz o velho ditado
que até Deus, penalizado,
frente a criança e ao borracho.
Deus coloca a mão por baixo...
Todos nós somos borrachos,
a canha é que é diferente.
Eu conheço muita gente
que rola por este mundo
vivendo dramas profundos,
embriagado de dor.
Outros, borrachos de amor,
dão tudo, dão corpo e alma,
vivendo a íntima calma
que só nos traz a bondade.
Alguns, ébrios de vaidade,
bebem tragos de si mesmo
e vão ostentando a esmo
garrafões de narcisismo,
canha feita de egoísmo,
indiferença e arrogância.
Outros, pobre ignorância,
se embriagam de dinheiro
e fazem da vida celeiro
para amontoar a riqueza,
vivendo a extrema pobreza
da indigência espiritual.
Algum prefere o imortal
licor feito de esperança
e a realidade amansa
bebendo ilusão e sonho.
E, por fim, nos vem tristonho,
empochado em desencanto,
um que bebe o próprio pranto,
destilado, com certeza,
do alambique da tristeza
que bate no peito seu!
Agora peço: por Deus,
bolicheiro do meu pago,
venha no mais outro trago
que este borracho... sou eu!
Borracho
Pobre borracho... arrodillado
en el oratorio del boliche.
Tu presente es como la basura
que quedó de tu pasado.
Tienes el futuro castrado
de esperanza e ilusiones.
Te has incorporado a los mostradores
de los almacenes del campo...
Si vives a medias penas
empapado de bebida,
es para olvidar la caída
de esa otra borrachera
que tomas, la copa entera,
en el vaso amargo de la vida.
Masticando tu silencio,
como quien reza en voz baja,
vas murmurando poco a poco
tu acto de contrición,
hecho de caña y limón
por monjes de extraña curia,
en esta liturgia impura
practicada en el mostrador.
Pero no hay quien te absorba,
i que escuche tu rezo...
Generalmente te desprecia
la mayoría, borracho.
Y así, vas viviendo solo
de cariño y comprensión.
Pero yo te respeto, hermano,
pues dice el viejo dicho
que hasta Dios, compadecido,
frente al niño y al borracho,
Dios pone la mano por debajo...
Todos nosotros somos borrachos,
la caña es lo que es diferente.
Conozco mucha gente
que rueda por este mundo
viviendo dramas profundos,
embriagados de dolor.
Otros, borrachos de amor,
lo dan todo, dan cuerpo y alma,
viviendo la calma interna
que solo nos trae la bondad.
Algunos, ebrios de vanidad,
beben sorbos de sí mismos
y van ostentando a lo loco
garrafas de narcisismo,
caña hecha de egoísmo,
indiferencia y arrogancia.
Otros, pobre ignorancia,
se embriagan de dinero
y hacen de la vida un granero
para acumular la riqueza,
viviendo la extrema pobreza
de la indigencia espiritual.
Algunos prefieren el inmortal
licor hecho de esperanza
y la realidad se calma
bebiendo ilusión y sueño.
Y, por último, nos llega triste,
envuelto en desencanto,
uno que bebe su propio llanto,
destilado, con certeza,
del alambique de la tristeza
que golpea su pecho.
Ahora pido: por Dios,
dueño del boliche de mi pago,
ven a darme otro trago
porque este borracho... soy yo!