Crève misère
Sur le dos cabosséD'une vieille oubliée,Dans un coin de la terre,Un fagot de bois mort,Versant de ses deux bords,Hoquetait sur les pierresLourd, lourd est le fardeau,Plus lourd encore à chaque pas nouveau.Menton à fleur de pierre,La vieille traîne misèreEt porte sa richesse,L'hiver écrase sa morgueEt le vent joue de l'orgueAvec ses jambes sèchesLourde, lourde est la misère,Plus lourde encore sous le joug de l'hiver.Le fagot, à chaque pasDevient un peu plus platSur le dos de la vieille,Mais elle ne s'arrête pas,Et reste peu de boisA trois pas de chez elle,Lasse, lasse était la vieille,Plus lasse encore qu'au retour de la veille.Par le papier huilé,La porte dentelée,Suinte un coin de lumière,Et la vieille est entrée,Elle a pour se chauffer,Immolé sa misère,Brûle, bois mort,Tu es l'or de misère,Chauffe plus fortCe qu'il reste de chair.Mais il n'en restait pas lourd,Et le feu tourna courtAussitôt flamme claire,Et la vieille oubliéeS'en retournait chercherSon bois mort de misère.Dieu, la voyant et peiner et gémir,Tant eut pitié qu'il crut bon d'intervenir,"Réjouis-toi, je t'inscris dans mon livre,Va, je t'accorde encore dix ans à vivre."
Muerte en vida
En la espalda golpeada
De una vieja olvidada,
En un rincón de la tierra,
Un manojo de leña muerta,
Derramando por sus dos lados,
Tartamudeaba sobre las piedras
Pesada, pesada es la carga,
Aún más pesada con cada nuevo paso.
Mentón al borde de la piedra,
La vieja arrastra la miseria
Y lleva su riqueza,
El invierno aplasta su arrogancia
Y el viento toca el órgano
Con sus piernas secas.
Pesada, pesada es la miseria,
Aún más pesada bajo el yugo del invierno.
El manojo, con cada paso
Se vuelve un poco más plano
En la espalda de la vieja,
Pero ella no se detiene,
Y apenas queda leña
A tres pasos de su casa.
Cansada, cansada estaba la vieja,
Aún más cansada que al regresar de la vigilia.
Por el papel aceitado,
La puerta dentada,
Suda un rincón de luz,
Y la vieja entra,
Ha inmolado su miseria
Para calentarse,
Arde, leña muerta,
Eres el oro de la miseria,
Calienta más fuerte
Lo que queda de carne.
Pero no quedaba mucho,
Y el fuego se apagó pronto
Tan pronto como la llama clara,
Y la vieja olvidada
Volvió a buscar
Su leña muerta de miseria.
Dios, al verla trabajar y gemir,
Tuvo tanta compasión que creyó conveniente intervenir,
"Alégrate, te inscribo en mi libro,
Ve, te concedo diez años más de vida."