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Sobre la muerte de una prima de siete años

Les Compagnons de la Chanson

Sur la mort d'une cousine de sept ans

Hélas, si j'avais su lorsque ma voix qui prêcheT'ennuyait de leçons, que sur toi rose et fraîcheL'oiseau noir du malheur planait inaperçu,Que la fièvre guettait sa proie et que la porteOù tu jouais hier te verrait passer morteHélas, si j'avais su !Enfant, je t'aurais fait l'existence bien douce,Sous chacun de tes pas j'aurais mis de la mousse ;Tes ris auraient sonné chacun de tes instants ;Et j'aurais fait tenir dans ta petite vieDes trésors de bonheur immense à faire envieAux heureux de cent ans.Loin des bancs où pâlit l'enfance prisonnière,Nous aurions fait tous deux l'école buissonnière.Au milieu des parfums et des champs d'alentourJ'aurais vidé les nids pour emplir ta corbeille ;Et je t'aurais donné plus de fleurs qu'une abeilleN'en peut voir en un jour.Puis, quand le vieux janvier les épaules drapéesD'un long manteau de neige et suivi de poupées,De magots, de pantins, minuit sonnant accourt ;Parmi tous les cadeaux qui pleuvent pour étrenne,Je t'aurais faite asseoir comme une jeune reineAu milieu de sa cour.Mais je ne savais pas et je prêchais encore ;Sûr de ton avenir, je le pressais d'éclore,Quand tout à coup pleurant un pauvre espoir déçu,De ta petite main j'ai vu tomber le livre ;Tu cessas à la fois de m'entendre et de vivreHélas, si j'avais su !

Sobre la muerte de una prima de siete años

Ay, si hubiera sabido cuando mi voz que predica
Te aburría con lecciones, que sobre ti, rosa y fresca
El pájaro negro de la desgracia planeaba inadvertido,
Que la fiebre acechaba a su presa y que la puerta
Donde jugabas ayer te vería pasar muerta
¡Ay, si hubiera sabido!
Niña, te habría hecho la existencia muy dulce,
Bajo cada uno de tus pasos habría puesto musgo;
Tus risas habrían resonado en cada uno de tus momentos;
Y habría llenado tu pequeña vida
De tesoros de felicidad inmensa que envidiarían
A los felices de cien años.
Lejos de los bancos donde palidece la infancia prisionera,
Habríamos hecho los dos la escuela bucanera.
En medio de los perfumes y los campos circundantes
Habría vaciado los nidos para llenar tu cesta;
Y te habría dado más flores que una abeja
Puede ver en un día.
Luego, cuando el viejo enero con los hombros cubiertos
De un largo manto de nieve y seguido de muñecas,
De ídolos, de títeres, llega sonando la medianoche;
Entre todos los regalos que llueven para el estreno,
Te habría hecho sentar como una joven reina
En medio de su corte.
Pero no sabía y seguía predicando;
Seguro de tu futuro, lo instaba a florecer,
Cuando de repente, llorando una pobre esperanza decepcionada,
Vi caer de tu pequeña mano el libro;
Dejaste de escucharme y de vivir al mismo tiempo
¡Ay, si hubiera sabido!

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