395px

Anoche a la luz de la luna

Diana Pequeno

Ontem Ao Luar

Ontem, ao luar, nós dois em plena solidão,
tu me perguntaste o que era a dor de uma paixão.
Nada respondi, calmo assim fiquei,
Mas, fitando o azul do azul do céu,
a lua azul eu te mostrei...
Mostrando-a a ti, dos olhos meus correr senti
uma nívea lágrima e, assim, te respondi.
Fiquei a sorrir por ter o prazer
de ver a lágrima nos olhos a sofrer.

A dor da paixão não tem explicação,
Como definir o que eu só sei sentir.
É mister sofrer para se saber
o que no peito o coração não quer dizer.
Pergunta ao luar, travesso e tão taful,
de noite a chorar na onda toda azul.
Pergunta, ao luar, do mar à canção,
qual o mistério que há na dor de uma paixão.

Se tu desejas saber o que é o amor
e sentir o seu calor,
o amaríssimo travor do seu dulçor,
sobe um monte á beira mar, ao luar,
ouve a onda sobre a areia a lacrimar.
Ouve o silêncio a falar na solidão
de um calado coração,
a penar, a derramar os prantos seus.
Ouve o choro perenal,
a dor silente, universal
e a dor maior, que é a dor de Deus.

Quando Jesus, meigamente solitário,
lá no cimo do calvário,
seus olhos, indulgente, erguia aos céus,
quanta dor, quanta poesia, a penar,
nos seus olhos luz luzia, a meditar
Não era a dor de não ter esse poder
de remir a humanidade
da eterna atrocidade do sofrer
Era, sim, a crúcea pena
de sentir por Madalena
o coração desfalecer.

Se tu queres mais saber a fonte dos meus ais,
põe o ouvido aqui na rósea flor do coração,
ouve a inquietação da merencória pulsação...
busca saber qual a razão
por que ele vive, assim, tão triste a suspirar,
a palpitar, em desesperação,
a teimar, de amar um insensível coração,
que a ninguém dirá no peito ingrato em que ele está,
mas que ao sepulcro, fatalmente, o levará.

Anoche a la luz de la luna

Anoche, a la luz de la luna, los dos en plena soledad,
tú me preguntaste qué era el dolor de una pasión.
Nada respondí, así de tranquilo me quedé,
Pero, mirando el azul del azul del cielo,
te mostré la luna azul...
Al mostrártela, sentí correr de mis ojos
una lágrima nívea y así te respondí.
Me quedé sonriendo por el placer
de ver la lágrima en tus ojos sufrir.

El dolor de la pasión no tiene explicación,
Cómo definir lo que solo sé sentir.
Es necesario sufrir para saber
lo que en el pecho el corazón no quiere decir.
Pregunta a la luna, traviesa y tan taful,
de noche llorando en la ola toda azul.
Pregunta, a la luna, del mar a la canción,
qué misterio hay en el dolor de una pasión.

Si deseas saber qué es el amor
y sentir su calor,
el amarguísimo sabor de su dulzura,
sube a un monte junto al mar, a la luz de la luna,
escucha la ola sobre la arena llorar.
Escucha el silencio hablar en la soledad
de un corazón callado,
penando, derramando sus lágrimas.
Escucha el llanto perenne,
el dolor silente, universal
y el mayor dolor, que es el dolor de Dios.

Cuando Jesús, dulcemente solitario,
en lo alto del calvario,
levantaba sus ojos, indulgente, hacia los cielos,
cuánto dolor, cuánta poesía, penando,
en sus ojos brillaba la luz, meditando.
No era el dolor de no tener ese poder
de redimir a la humanidad
de la eterna atrocidad del sufrir.
Era, sí, la cruel pena
de sentir por María Magdalena
el corazón desfallecer.

Si quieres saber más sobre la fuente de mis lamentos,
pon el oído aquí en la rosa flor del corazón,
escucha la inquietud de la melancólica pulsación...
busca saber cuál es la razón
por la que vive, así, tan triste suspirando,
palpitando, en desesperación,
insistiendo en amar un corazón insensible,
que a nadie revelará en el ingrato pecho en que se encuentra,
pero que al sepulcro, fatalmente, lo llevará.

Escrita por: Catulo da Paixão Cearense / Pedro Alcântara