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Cuba

Enrico Ruggeri

Cuba

L'odore è ancora quello della fame,
contaminato da certe storie strane,
che nella mente di un turista con spirito ottimista,
diventa sensualità.

Il fascino pesante del dollaro occidentale,
che confonde soprattutto nell'emisfero australe,
e nei locali per stranieri conferisce poteri
vicini alla felicità.

E lei ostentava movimenti piuttosto espliciti
agli occhi degli astanti,
mentre lui non avrebbe mai pensato
che un viaggio organizzato
potesse trasformarsi in un amore così insolito;
meglio dei depliants.

A Cuba non conoscono ombrelli
e con il sole si asciugano i capelli.
Oh, Cuba, non si cercan pretesti
per darti mare, amore e manifesti.

E ci si scambia confidenze ed indirizzi,
senza fare troppo caso ad evidenzi indizi
di una storia terra a terra, che prima di Gibilterra
si è ripetuta già.

E lei che prendeva i suoi profumi
per ricordarti, perché il tempo non consumi,
e lui che comunque le era grato pe avergli regalato
ricordi dei momenti in cui restava senza fiato;
meglio dei depliants.

A Cuba che si parla spagnolo
che è così facile, ci si capisce al volo.
Oh, Cuba, negli alberghi di lusso,
così lontani dal lungo inverno russo.

A Cuba non conoscono ombrelli
e con il sole si asciugano i capelli.
A cuba senza troppi pretesti
ti danno mare, amore e manifesti.

A Cuba che si parla spagnolo
che è così facile, ci si capisce al volo.
A Cuba, negli alberghi di lusso,
così lontani dal lungo inferno russo.
Cuba!

Cuba

El olor sigue siendo el de la hambre,
contaminado por ciertas historias extrañas,
que en la mente de un turista con espíritu optimista,
se convierte en sensualidad.

El encanto pesado del dólar occidental,
que confunde sobre todo en el hemisferio austral,
y en locales para extranjeros otorga poderes
cercanos a la felicidad.

Y ella mostraba movimientos bastante explícitos
a los ojos de los presentes,
mientras él nunca hubiera pensado
que un viaje organizado
podría convertirse en un amor tan inusual;
mejor que los folletos.

En Cuba no conocen los paraguas
y con el sol se secan el cabello.
Oh, Cuba, no se buscan excusas
para darte mar, amor y carteles.

Y se intercambian confidencias y direcciones,
sin prestar mucha atención a evidenciar indicios
de una historia mundana, que antes de Gibraltar
ya se había repetido.

Y ella que tomaba sus perfumes
para recordarte, para que el tiempo no consuma,
y él que de todas formas le estaba agradecido por haberle regalado
recuerdos de los momentos en los que se quedaba sin aliento;
mejor que los folletos.

En Cuba se habla español
que es tan fácil, nos entendemos de inmediato.
Oh, Cuba, en los hoteles de lujo,
tan lejos del largo invierno ruso.

En Cuba no conocen los paraguas
y con el sol se secan el cabello.
En Cuba sin muchas excusas
te dan mar, amor y carteles.

En Cuba se habla español
que es tan fácil, nos entendemos de inmediato.
En Cuba, en los hoteles de lujo,
tan lejos del largo infierno ruso.
¡Cuba!

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