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El Mendigo

Fabio Concato

Il Barbone

Guarda quel barbone personaggio d'altri tempi chissa' dove andra'.
Porta sulle spalle un grosso sacco d'immondizia pieno a meta'.
Addosso ha due cappotti, nove maglie, sembra quasi un palombaro;
si china per raccogliere qualcosa: spera sia danaro.
Poi dal sacco esce legno, latta, un po' di stracci ed un barattolo
commercia in questi articoli che io trovo ridicoli,
ci campa sopra, forse lui e' un filosofo e male non ne fa.
Ecco si avvicina, certo vuole qualche soldo... beh, gliene do';
dopotutto e' un poveraccio e forse coi miei soldi puo' mangiare.
Mi domando perche' mai non cerchera' lavoro
in qualche posto potrebbe risparmiare
e avere un conto al Banco Popolare
poi mi guarda dritto in faccia,
sembra aver capito quel che penso
mi fa un sorriso strano,
mi indica orgoglioso gli stracci che ha raccolto
e i soldi che gli han dato con pieta', come me.
Ora si allontana ed io sto meglio,
quasi avessi visto un incidente
mi sto congratulando con me stesso e penso:
"Che bello non essere un pezzente",
ma ecco che il barbone fa ritorno,
mi fa una gran risata in faccia,
mi fa sentire stupido e meschino;
mi fa sentire quel che sono,
ed io capisco che lui e' felice come me della vita che fa

El Mendigo

Guarda a ese mendigo personaje de otros tiempos, quién sabe a dónde irá.
Lleva sobre sus hombros un gran saco de basura lleno hasta la mitad.
Lleva puestos dos abrigos, nueve camisetas, parece casi un buzo;
se agacha para recoger algo: espera que sea dinero.
Luego del saco saca madera, lata, un poco de trapo y un frasco
comercia con estos artículos que encuentro ridículos,
vive de ello, tal vez sea un filósofo y no le va mal.
Aquí se acerca, seguro quiere algo de dinero... bueno, se lo doy;
después de todo es un pobre hombre y tal vez con mi dinero pueda comer.
Me pregunto por qué nunca busca trabajo
en algún lugar podría ahorrar
y tener una cuenta en el Banco Popular
luego me mira directamente a los ojos,
parece haber entendido lo que pienso
me sonríe de manera extraña,
me muestra orgulloso los trapos que ha recogido
y el dinero que le han dado con compasión, como a mí.
Ahora se aleja y yo estoy mejor,
casi como si hubiera visto un accidente
me felicito a mí mismo y pienso:
'Qué bueno no ser un mendigo',
pero aquí viene el mendigo de regreso,
me ríe en la cara a carcajadas,
me hace sentir estúpido y mezquino;
me hace sentir lo que soy,
y entiendo que él es feliz como yo con la vida que lleva.

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