À toi
La forêt qui s'élance au ciel comme une vergeLes serments naufragés qui errent sur la bergeLes oiseaux dénoncés que le chasseur flambergeLes diamants constellés qui fuient les pâles couchesTous les yeux de la rue qui crèvent sur ta boucheLe pavé que tu foules et ma voix que tu touchesLes amants accolée muets comme la cireLes culottes des femmes où le monde se mireLes fauves repentis qui rendent des martyrsLe ventre des pendus qui coule des potencesLes noces pathétiques où les larmes sont rancesLes émigrants qui n'ont jamais de pain d'avanceLes mains transfigurées qui règlent la tziganeBaudelaire et Shakespeare au chevet des profanesLes chevaux condamnés et leur dernière avoineLa voix pour commander à mille couturièresUn lit avec le Parthénon comme litièreLe cathéchisme de la joie la vie entièreDes violons barrissant les complaintes futuresDes tonnes de crachat sur la CritiquatureLe vent du large et des bûchers pour les clôturesDes langues pour parler aux Chinois faméliquesDes poumons pour souffler au ventre des phtisiquesDes javas pour brouiller les chants patriotiquesLe ruisseau qui jouit jusqu'au Havre sans trêveLe malheureux le chien qui meurt l'homme qui crèveLe sang des femmes qui sont mortes sans un rêveLes cheveux élagués qui cherchent des caressesLe remords amical du prêtre qui confesseLes yeux des tout-petits riboulant de tendresseL'orgue de la nature au souffle de violettesLes rendez-vous mystérieux sous la voiletteLe numéro que tu voulais à la rouletteLes portes de secours battant sur les étoilesLes Vendredis des Robinsons des capitalesLa boussole des veuves aveugles sous leur voileLe vain espoir des mitraillés sous la mitrailleLa poitrine qui bat sous les pâles médaillesLes jésus désertant le fruit de tes entraillesLes dentelles flottant au nez de la misèreLe loup blessé à mort qu'on regarde se taireLe chant du coq et le silence de saint PierreLes cœurs déchiquetés qui parlent aux fantômesLes gens de bien qui ont désintégré l'atomeLe Capital qui joue aux dés Notre RoyaumeET PUIS la majuscule ennui qui nous scléroseMon pauvre amour car nous pensons les mêmes chosesEn attendant que l'Ange nous métamorphose...
Para ti
El bosque que se eleva hacia el cielo como un falo
Los juramentos naufragados que vagan en la orilla
Los pájaros delatados que el cazador ahuyenta
Los diamantes estrellados que huyen de las pálidas capas
Todos los ojos de la calle que estallan en tu boca
El pavimento que pisas y mi voz que tocas
Los amantes abrazados mudos como la cera
Las bragas de las mujeres donde el mundo se refleja
Los felinos arrepentidos que hacen mártires
El vientre de los ahorcados que gotea de horcas
Las bodas patéticas donde las lágrimas son rancias
Los emigrantes que nunca tienen pan por adelantado
Las manos transfiguradas que guían a la gitana
Baudelaire y Shakespeare al lado de los profanos
Los caballos condenados y su última avena
La voz para mandar a mil costureras
Una cama con el Partenón como lecho
El catecismo de la alegría, la vida entera
Violines bramando las quejas futuras
Toneladas de escupitajos sobre la Críticatura
El viento del mar y hogueras para las cercas
Lenguas para hablar con los chinos hambrientos
Pulmones para soplar en el vientre de los tísicos
Javas para confundir los cantos patrióticos
El arroyo que disfruta hasta El Havre sin descanso
El desdichado, el perro que muere, el hombre que se desvanece
La sangre de las mujeres que mueren sin un sueño
Los cabellos podados que buscan caricias
El remordimiento amistoso del sacerdote que confiesa
Los ojos de los más pequeños brillando de ternura
El órgano de la naturaleza con aliento de violetas
Los misteriosos encuentros bajo el velo
El número que querías en la ruleta
Las salidas de emergencia golpeando en las estrellas
Los viernes de los Robinsons de las capitales
La brújula de las viudas ciegas bajo su velo
La vana esperanza de los fusilados bajo la metralla
El pecho que late bajo las pálidas medallas
Los jesuses desertando el fruto de tus entrañas
Las encajes ondeando ante la miseria
El lobo herido de muerte al que se mira callar
El canto del gallo y el silencio de San Pedro
Los corazones desgarrados que hablan a los fantasmas
Las personas decentes que han desintegrado el átomo
El Capital que juega a los dados, Nuestro Reino
Y LUEGO la mayúscula angustia que nos esclerotiza
Mi pobre amor porque pensamos las mismas cosas
Esperando a que el Ángel nos metamorfosee...