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El Lucio de la Fuente

Fiaba

Il Luccio Della Fontana

Ti racconterò una storia che molti non conoscono e non so
perché, di un uomo, certo Roh, che faceva il pescatore; una
volta andò con la barca e l'unico figliolo, che portò con
sé, con gli occhi accesi disse: -Padre, il mare è
meraviglia!-. Quel giorno pescò una bestia che solo in un
bestiario… forse neanche c'è: era grande come un uomo ed
aveva lunghe zampe. Tanto la colpì con un remo e anche
s'era morta non si sa com'è che aveva gli occhi vivi e il
figlio: -Padre, lei mi guarda!-.
Fu un momento poi quella lo afferrò era ancora viva, il
figlio lo gridò e scivolando il mostro lo portava negli
abissi. Da quel giorno li il padre non parlò, lo cercava
ancora ma finì così, a gridare: -Mare, tu sei grande,
rendimi mio figlio!-.
Ma il mare corrode tutto, tutto, finanche i ricordi, ora
quell'uomo ha due figlie ma… è strano davvero! Una è Olga è
rossa come te, gli occhi sono verdi come i boschi se la
luce brilla chiara sulle fronde a primavera; l'altra invece
ha gli occhi rossi e ha i capelli verdi come non ce n'è, è
Alga, è bella ma non sembra affatto sua sorella. Alga se ne
andò come in ogni dì, sola andò piangendo e tornò così a
riflettere il suo volto, dentro l'acqua, alla fontana ma
quel giorno lì non andò così, Olga la seguiva e così finì
che incredula scoperse che parlava con un pesce. Il luccio
parlò e disse: -Ahimè, Alga non è figlia di Roh il
pescatore, che fra i pesci nella rete la trovò, lo dico a
te, io, ch'ero là, io che fui tonno, che morii, proprio per
questo ora lo so, Alga, tuo padre ti pescò. Credeva tu
fossi un dono ma il mare è cosa assai strana: io ch'ero
d'acqua salata son pesce d'una fontana. Alga, sei figlia a
un tritone, ecco perché ti disperi: anche tu fosti del
mare, ora ritorna com'eri.

El Lucio de la Fuente

Te contaré una historia que muchos no conocen y no sé por qué, de un hombre, Roh seguro, que era pescador; una vez fue con el bote y su único hijo, que llevó consigo, con los ojos brillantes dijo: -Padre, el mar es maravilloso-. Ese día pescó una bestia que solo en un bestiario... tal vez ni siquiera existe: era grande como un hombre y tenía largas patas. Tanto lo impactó con un remo y aunque ya estaba muerta no se sabe cómo tenía los ojos vivos y el hijo: -Padre, me está mirando-. Fue un momento, luego lo agarró, aún estaba viva, el hijo gritó y deslizándose el monstruo lo llevaba a las profundidades. Desde ese día el padre no habló, lo buscaba aún pero terminó así, gritando: -Mar, eres grande, ¡devuélveme a mi hijo!-. Pero el mar todo lo corroe, todo, incluso los recuerdos, ahora ese hombre tiene dos hijas pero... es realmente extraño. Una es Olga, es pelirroja como tú, sus ojos son verdes como los bosques cuando la luz brilla clara en las ramas en primavera; la otra en cambio tiene los ojos rojos y el cabello verde como no hay otro, es Alga, es hermosa pero no parece en absoluto su hermana. Alga se fue como cada día, sola fue llorando y regresó así para contemplar su rostro, en el agua, en la fuente pero ese día no fue así, Olga la seguía y así descubrió incrédula que hablaba con un pez. El lucio habló y dijo: -Ay, Alga no es hija de Roh el pescador, que entre los peces en la red la encontró, te lo digo a ti, yo, que estaba allí, yo que fui atún, que morí, precisamente por eso ahora lo sé, Alga, tu padre te pescó. Creía que eras un regalo pero el mar es algo muy extraño: yo que era de agua salada soy pez de una fuente. Alga, eres hija de un tritón, por eso te desesperas: también tú fuiste del mar, ahora regresa como eras.

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