Beim Alten Bill in Oklahoma
Ja, ja, so blau, blau, blau blht der Enzian,
wenn beim Alpenglhn wir uns wiedersehn.
Mit ihren ro-ro-ro-roten Lippen fing es an,
die ich nie vergessen kann.
Wenn des Sonntags frh um viere die Sonne aufgeht,
und das Schweizer Madel auf die Alm 'naufgeht,
bleib ich ja so gern am Wegrand stehn, ja stehn,
denn das Schweizer Madel sang so schn.
Holla hia, hia, holla di holla di ho.
Holla hia, hia, holla di holla di ho.
Blaue Blumen dann am Wegrand stehn, ja stehn,
denn das Schweizer Madel sang so schn.
Ja, ja, so blau, blau, blau blht der Enzian,
wenn beim Alpenglhn wir uns wiedersehn.
Mit ihren ro-ro-ro-roten Lippen fing es an,
die ich nie vergessen kann.
In der ersten Htte, da hab'n wir zusammen gesessen,
in der zweiten Htte, da hab'n wir zusammen gegessen,
in der dritten Htte hab' ich sie gekt,
keiner wei, was dann geschehen ist.
Holla hia, hia, holla di holla di ho.
Holla hia, hia, holla di holla di ho.
In der dritten Htte hab' ich sie gekt,
keiner wei, was dann geschehen ist.
Ja, ja, so blau, blau, blau blht der Enzian,
wenn beim Alpenglhn wir uns wiedersehn.
Mit ihren ro-ro-ro-roten Lippen fing es an,
die ich nie vergessen kann.
En la vieja taberna de Bill en Oklahoma
Sí, sí, tan azul, azul, azul florece la genciana,
cuando nos volvemos a encontrar en el resplandor alpino.
Fue con sus labios ro-ro-ro-rojos,
que nunca puedo olvidar.
Cuando el domingo temprano a las cuatro sale el sol,
y la chica suiza sube a la pradera,
me gusta quedarme en el camino, sí, quedarme,
pues la chica suiza cantaba tan hermoso.
¡Hola hia, hia, hola di hola di ho!
¡Hola hia, hia, hola di hola di ho!
Las flores azules en el camino están, sí están,
pues la chica suiza cantaba tan hermoso.
Sí, sí, tan azul, azul, azul florece la genciana,
cuando nos volvemos a encontrar en el resplandor alpino.
Fue con sus labios ro-ro-ro-rojos,
que nunca puedo olvidar.
En la primera cabaña, allí nos sentamos juntos,
en la segunda cabaña, allí comimos juntos,
en la tercera cabaña la besé,
nadie sabe qué sucedió entonces.
¡Hola hia, hia, hola di hola di ho!
¡Hola hia, hia, hola di hola di ho!
En la tercera cabaña la besé,
nadie sabe qué sucedió entonces.
Sí, sí, tan azul, azul, azul florece la genciana,
cuando nos volvemos a encontrar en el resplandor alpino.
Fue con sus labios ro-ro-ro-rojos,
que nunca puedo olvidar.