A História do Incêndio do Jequitibá de Carangola
Um dia, chegaram uns homens, procurando árvores pra cortar;
cortavam e levavam pra vender.
Encontaram o Jequitibá de Carangola, mas não cortaram. Sabem porque?
O tronco era muito grosso... eles não tinham serra daquele tamanho.
E mesmo que pudessem cortar, não teriam força pra carregar.
Até para os cortadores de árvores, o jequitibá era gigante.
Cortaram toda a mata em volta... só o gigante escapou.
Passou o tempo, Carangola cresceu, e o gigante cresceu mais ainda.
Ficou famoso... muita gente veio ver...
olhavam pra ele, tiravam fotografia, faziam poesia, brincavam perto dele
abraçavam seu tronco, eram amigos do gigante
...e até cuidaram dele quando, um dia, um galho caiu...
Era um galho enorme, ficava lá no alto. Umas lesmas gigantes que moravam no Jequitibá
comeram uma parte da madeira, e com o tempo, o galho quebrou e caiu (blééhhh...).
A terra tremeu.
Arrancou um pedaço da casca, e deixou um buraco no tronco...
Os amigos vieram, montaram uma espécie de escada de ferro bem alta, e um professor de Biologia subiu até o buraco e fez um curativo. Passou uma espécie de tinta azul pra madeira não apodrecer. Foi bom, deu certo. Foi bom, uh... uh...
Olhavam pra ele, tiravam fotografia, faziam poesia, brincavam perto dele
abraçavam seu tronco, eram amigos do gigante
Mas o gigante tinha um inimigo, um inimigo mortal.
E um dia, sexta feira, esse inimigo mortal foi até o Jequitibá, jogou gasolina e pôs fogo.
Pôs fogo e fugiu. Começou um incêndio como nunca se viu. Um incêndio numa árvore só.
A mata em volta intacta, só o Jequitibá queimando...
Por sorte, naquele dia de azar, um amigo tinha ido visitar o Jequitibá e viu o fogo...
voltou correndo, avisou os amigos, vieram todos, imediatamente...
o fogo era enorme...o rio era longe...apagar como?
Pegaram um trator. Jogaram terra no tronco, terra prá abafar o fogo. Abafaram as chamas.
Mas o fogo virou brasa. E brasa foi queimando o tronco por dentro, queimando e subindo
o tronco por dentro. A árvore estalava, soltava fumaça, parecia uma chaminé... Era muito grave,
precisavam de ajuda... Chamaram bombeiros, polícia florestal, jornal, televisão e começou:
a Luta da Água Contra o Fogo.
Os homens vieram com um caminhão-pipa... (pipa...)... Enchiam o caminhão no Rio Carangola,
subiam a estradinha até o Jequitibá, e esguichavam, esguichavam, o dia inteiro sem parar.
10 caminhões de água por dia, esguichando de manhã até de noite, 3 dias sem parar...
mas o fogo não apagava.
O tempo que caminhão levava pra ir até o rio e voltar, o fogo já tinha crescido tudo de novo.
E pra piorar, começou a chover.
A chuva não apagava o fogo, mas a estrada virou lama, e o caminhão não conseguia mais subir.
Os homens entristeceram... o fogo ia vencer... o Jequitibá ia queimar até morrer.
Mas...
Quem espera sempre alcança (três vezes salve a esperança) porque a chuva de repente parou.
E os homens, com uma serra, abriram uma janela e entraram no tronco.
Dentro do tronco era quente como um forno...caíam pedaços de madeira...
e um homem segurava uma mangueira apontada para o alto...
jogando água no coração do fogo...
(shhhh...)
esguichando de manhã até de noite 3 dias sem parar...
(shhh...)
até que o fogo, finalmente, apagou.
Os amigos ficaram de boca aberta. O fogo tinha feito uma caverna. Cabiam oito homens dentro do tronco. Era uma caverna com paredes de carvão. Mas talvez quebrasse com o vento. Talvez a
seiva não pudesse mais subir. Talvez o Jequitibá não fosse resistir.
Os amigos, inconformados, perguntavam por quê? Por quê?
Por causa de um gigante, um homem do mal, com arma de fogo
lutou com os homens do bem e suas espadas de água.
O fogo morreu. Talvez o gigante também.
La Historia del Incendio del Jequitibá de Carangola
Un día, llegaron unos hombres buscando árboles para talar;
talaban y se los llevaban para vender.
Encontraron el Jequitibá de Carangola, pero no lo talaron. ¿Saben por qué?
El tronco era muy grueso... no tenían sierra de ese tamaño.
Y aunque pudieran talarlo, no tendrían fuerza para cargarlo.
Incluso para los taladores de árboles, el jequitibá era gigante.
Talaron toda la selva alrededor... solo el gigante escapó.
Pasó el tiempo, Carangola creció, y el gigante creció aún más.
Se hizo famoso... mucha gente vino a verlo...
lo miraban, tomaban fotografías, hacían poesía, jugaban cerca de él
abrazaban su tronco, eran amigos del gigante
...e incluso lo cuidaron cuando, un día, una rama cayó...
Era una rama enorme, estaba en lo alto. Unas babosas gigantes que vivían en el Jequitibá
se comieron parte de la madera, y con el tiempo, la rama se rompió y cayó (puaj...).
La tierra tembló.
Arrancó un pedazo de la corteza, y dejó un agujero en el tronco...
Los amigos vinieron, armaron una especie de escalera de hierro muy alta, y un profesor de Biología subió hasta el agujero y le hizo un vendaje. Pasó una especie de pintura azul para que la madera no se pudriera. Fue bueno, funcionó. Fue bueno, uh... uh...
Lo miraban, tomaban fotografías, hacían poesía, jugaban cerca de él
abrazaban su tronco, eran amigos del gigante
Pero el gigante tenía un enemigo, un enemigo mortal.
Y un día, viernes, ese enemigo mortal fue hasta el Jequitibá, le echó gasolina y le prendió fuego.
Le prendió fuego y huyó. Comenzó un incendio como nunca se había visto. Un incendio en un solo árbol.
La selva alrededor intacta, solo el Jequitibá ardiendo...
Por suerte, en ese día de mala suerte, un amigo había ido a visitar al Jequitibá y vio el fuego...
volvió corriendo, avisó a los amigos, todos vinieron, inmediatamente...
el fuego era enorme...el río estaba lejos...¿cómo apagarlo?
Cogieron un tractor. Echaron tierra en el tronco, tierra para sofocar el fuego. Sofocaron las llamas.
Pero el fuego se convirtió en brasas. Y las brasas fueron quemando el tronco por dentro, quemando y subiendo
el tronco por dentro. El árbol crujía, soltaba humo, parecía una chimenea... Era muy grave,
necesitaban ayuda... Llamaron a bomberos, policía forestal, periódico, televisión y comenzó:
la Lucha del Agua Contra el Fuego.
Los hombres vinieron con un camión cisterna... (cisterna...)... Llenaban el camión en el Río Carangola,
subían por el caminito hasta el Jequitibá, y rociaban, rociaban, todo el día sin parar.
10 camiones de agua por día, rociando desde la mañana hasta la noche, 3 días sin parar...
pero el fuego no se apagaba.
El tiempo que el camión tardaba en ir hasta el río y volver, el fuego ya había crecido de nuevo.
Y para empeorar las cosas, empezó a llover.
La lluvia no apagaba el fuego, pero la carretera se convirtió en barro, y el camión ya no podía subir.
Los hombres se entristecieron... el fuego iba a ganar... el Jequitibá iba a arder hasta morir.
Pero...
Quien espera siempre alcanza (tres veces viva la esperanza) porque la lluvia de repente se detuvo.
Y los hombres, con una sierra, abrieron una ventana y entraron en el tronco.
Dentro del tronco era caliente como un horno...caían pedazos de madera...
y un hombre sostenía una manguera apuntando hacia arriba...
lanzando agua en el corazón del fuego...
(shhhh...)
rociando desde la mañana hasta la noche 3 días sin parar...
(shhh...)
hasta que el fuego, finalmente, se apagó.
Los amigos se quedaron boquiabiertos. El fuego había hecho una cueva. Cabían ocho hombres dentro del tronco. Era una cueva con paredes de carbón. Pero tal vez se rompiera con el viento. Tal vez la
savia ya no pudiera subir. Tal vez el Jequitibá no resistiera.
Los amigos, inconformes, preguntaban ¿por qué? ¿Por qué?
Por causa de un gigante, un hombre malvado, con arma de fuego
luchó con los hombres buenos y sus espadas de agua.
El fuego murió. Tal vez el gigante también.
Escrita por: Hélio Ziskind