Stillborn Gods
In the mist, moondrenched
Time ticks with stillness
Languid ether
Steel and sinew, cartilage and chrome
An entity with endless gaze
Cold, vermilion eyes infinite stare
Materialized in shadow and torn from the veil
Emerge the thorned tree of suffering
His celestial burden
Screams echo off the solid forms
That once flowed as fluid time
Abomination
Rivers of epoch, entire eras carved into inanimate flesh
Streaks of blood-red veins etched on cruel landscape
Thrown into the throes of cosmic cessation
Steel and sinew, cartilage and chrome
An entity with endless gaze
Cold, vermilion eyes infinite stare
Materialized in shadow and torn from the veil
Our vermilion dream once breathed essence
We crafted the Sun with an aura of hate
Setting the dunes ablaze
Moonfrosted by night
A stillborn God presides on an empty throne
Orchestrating jaws of nihilism
Teeth rip us from reality
Clamping, suffocating
Meaning projected onto a fabric of nothingness
Lost, our fragile dreaming of existence
Dioses nacidos muertos
En la niebla, bañada por la luna
El tiempo avanza con quietud
Éter lánguido
Acero y músculo, cartílago y cromo
Una entidad con mirada interminable
Ojos fríos, infinita mirada carmesí
Materializado en sombra y arrancado del velo
Emergen el árbol espinado del sufrimiento
Su carga celestial
Los gritos resuenan en las formas sólidas
Que una vez fluían como tiempo fluido
Abominación
Ríos de época, eras enteras talladas en carne inanimada
Rayas de venas rojo sangre grabadas en un paisaje cruel
Arrojados a los estertores de la cesación cósmica
Acero y músculo, cartílago y cromo
Una entidad con mirada interminable
Ojos fríos, infinita mirada carmesí
Materializado en sombra y arrancado del velo
Nuestro sueño carmesí una vez respiró esencia
Forjamos el Sol con un aura de odio
Encendiendo las dunas en llamas
Helada por la luna de noche
Un Dios nacido muerto preside en un trono vacío
Orquestando mandíbulas de nihilismo
Dientes nos arrancan de la realidad
Apretando, sofocando
Significado proyectado en un tejido de la nada
Perdido, nuestro frágil sueño de existencia