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De Málaga, Malagueñito

Javier Ruibal

De Málaga, Malagueñito

¡Ay, Pablo Ruíz, qué travieso!
Corazón de plastilina,
la vida te tira un beso,
la gracia te da propina.

Este niño, que es un caso,
apunta buenas maneras,
pero cuando pinta un vaso
y el agua la pone afuera.

Y sin ningún miramiento
ha retratao a su abuela
un ojo tuerce pa dentro
y el otro pa' donde quieras.

De Málaga, malagueñito,
tú nunca fuiste pobre
ni señorito.

El divino impertinente
se tutea con la gloria,
con su pincel insolente
se va escribiendo la historia.

De cuadro en cuadro, al asalto
saltabas como un chiquillo
huracanes de cobalto
temporales de amarillo.

Y de la ceca a la Meca
de la locura a las damas,
¿cuál de todas tus muñecas
puso color en tu cama?

De Málaga, qué buena suerte,
este torero, primo,
pinta de muerte.

Cuando un perfume exquisito
a dólar y trementina
te viene abriendo las puertas
a medida que caminas.

Y el eco de tu presencia
se lo rifan los señores
tú defiendes tu conciencia
a brochazos tricolores.

¡Ay, Pablo Ruíz, niño chico!
Recuérdalo, por si acaso:
tú siempre serás Pablito,
aunque te llamen Picasso.

De Málaga, ¡ay! malagueño,
tú que lo tienes todo,
no eres tu dueño.

De Málaga, Málaga,
malagueñito,
tú nunca fuiste pobre
ni señorito.

De Málaga, Malagueñito

¡Ay, Pablo Ruíz, quel petit filou !
Cœur en pâte à modeler,
la vie t’envoie un bisou,
la chance te file un pourboire.

Ce gamin, c’est un cas,
montre de bonnes manières,
mais quand il peint un verre
et que l’eau, il la met dehors.

Et sans aucun remords
il a croqué sa grand-mère,
un œil qui regarde en dedans
et l’autre où tu veux.

De Málaga, malagueñito,
tu n’as jamais été pauvre
ni petit bourgeois.

Le divin impertinent
se tutoie avec la gloire,
avec son pinceau insolent
il écrit l’histoire.

D’un tableau à l’autre, à l’assaut
tu sautais comme un gamin,
ouragans de cobalt
tempêtes de jaune.

Et de la ceca à la Meca
de la folie aux dames,
laquelle de toutes tes poupées
a mis de la couleur dans ton lit ?

De Málaga, quelle bonne étoile,
ce torero, cousin,
pince de mort.

Quand un parfum exquis
à dollar et térébenthine
te vient ouvrir les portes
au fur et à mesure que tu marches.

Et l’écho de ta présence
les messieurs se l’arrachent,
tu défends ta conscience
à coups de pinceaux tricolores.

¡Ay, Pablo Ruíz, petit gars !
Souviens-t’en, au cas où :
tu seras toujours Pablito,
quand bien même on t’appelle Picasso.

De Málaga, ¡ay ! malagueño,
tu qui as tout,
tu n’es pas ton propre maître.

De Málaga, Málaga,
malagueñito,
tu n’as jamais été pauvre
ni petit bourgeois.