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Mangueira Energiza la Avenida

G.R.E.S. Estação Primeira de Mangueira (RJ)

Mangueira Energiza a Avenida

Quando olho pro céu e vejo a lua brilhar penso que ela roubou a luz do teu olhar.

Quem sou eu, pobre mortal, pra entender o mistério e compor o meu verso... se Deus não me contou como criou o Universo?

Tudo que havia era a imensidão. E o silêncio profundo da escuridão.

Mas como Deus tudo pode, resolveu-se a questão: fez o Sol, fez a Terra, fez a noite e o dia, e na tela vazia pintou a Criação.

O Sol e fogo, a água e o ar- o que mais quer o homem para vida criar ? A mulher, meu Senhor, e com ela o amor, que sem ele nem vale uma vida levar.

Num leve movimento Deus pôs o mundo a girar. E com tal encantamento que a dança do vento encheu de ondas o mar.

E caprichou pra valer no quesito beleza. Da mulher fez a flor e o amor à natureza. Só não sei quem veio antes, quem aqui chegou primeiro: a beleza deste céu ou o Rio de Janeiro.

Com o toque de humor de quem sabe o que faz, preparou a surpresa do óleo e do gás. E guardou tão guardada a herança divina que o homem levou um tempão para achar. A riqueza escondida debaixo da terra e no fundo do mar.

Ninguém sabe, ninguém viu quando tudo começou. Mas é certo que acabou só no sétimo dia - e com certeza Ele queimou uma baita energia!

A energia está no ar, em cada verso do meu cantar.

O desafio é saber usar - para criar, para curar, para salvar. Se Deus, em sua onipotência, nos deu inteligência, não podemos desperdiçar.

Mangueira, Estação Primeira, tua energia contagia a avenida inteira.

Tudo na vida tem energia. Na luz que acende, no nascer do dia. No sopro do vento que leva a jangada para a pescaria. No gol da vitória, no abraço da glória de ver minha Escola esbanjar alegria.

Na fé e na paixão que trago dentro de mim, no pulsar do coração e no som do tamborim, na alegria e na dor, no beijo louco de amor e no orgasmo sem fim.

Eu sou do bem, você também, vamos cantar e sambar e com muito alegria a avenida energizar.

Mangueira Energiza la Avenida

Cuando miro al cielo y veo la luna brillar, pienso que robó la luz de tu mirada.

¿Quién soy yo, pobre mortal, para entender el misterio y componer mi verso... si Dios no me contó cómo creó el Universo?

Todo lo que había era la inmensidad. Y el profundo silencio de la oscuridad.

Pero como Dios todo lo puede, resolvió la cuestión: hizo el Sol, hizo la Tierra, hizo la noche y el día, y en la pantalla vacía pintó la Creación.

El Sol y el fuego, el agua y el aire - ¿qué más quiere el hombre para crear vida? La mujer, mi Señor, y con ella el amor, que sin él ni vale la pena vivir.

Con un ligero movimiento Dios puso al mundo a girar. Y con tal encantamiento que la danza del viento llenó de olas el mar.

Y se esmeró de verdad en el aspecto de la belleza. De la mujer hizo la flor y el amor a la naturaleza. Solo no sé quién vino primero, quién llegó primero aquí: la belleza de este cielo o Río de Janeiro.

Con el toque de humor de quien sabe lo que hace, preparó la sorpresa del petróleo y el gas. Y guardó tan guardada la herencia divina que el hombre tardó un buen rato en encontrar. La riqueza escondida bajo la tierra y en el fondo del mar.

Nadie sabe, nadie vio cuándo todo comenzó. Pero es seguro que terminó solo en el séptimo día - ¡y con seguridad Él quemó una gran energía!

La energía está en el aire, en cada verso de mi cantar.

El desafío es saber usarla - para crear, para curar, para salvar. Si Dios, en su omnipotencia, nos dio inteligencia, no podemos desperdiciarla.

Mangueira, Estación Primera, tu energía contagia a toda la avenida.

Todo en la vida tiene energía. En la luz que se enciende, en el amanecer. En el soplo del viento que lleva la balsa a la pesca. En el gol de la victoria, en el abrazo de la gloria de ver a mi Escuela derrochar alegría.

En la fe y la pasión que llevo dentro de mí, en el latir del corazón y en el sonido del tamboril, en la alegría y en el dolor, en el beso loco de amor y en el orgasmo sin fin.

Soy del bien, tú también, vamos a cantar y bailar y con mucha alegría energizar la avenida.

Escrita por: Osvaldo Martins