Via G. Byron, Poeta
Stavo solo brindando alla ipocondria
che mi assume per fare da punto esclamativo
a un pubblico pagante parlandone da vivo
dentro i circoli ARCI di fumo e polizia;
e adesso non ho voglia di menarlo ai deserti
vedi che piglio tutto con estrema nonchalance
di fuori sta piovendo, vedo ombrelli aperti
voi siete senza "benza",
ed io non senza chances…
Ma gli zombi, gli zombi metton su facce serie
si stanno riciclando dalle loro macerie
sembrano inossidabili, vederli fa piacere
specie quelli simpatici, che pagano da bere
ma io sono in delirium, voi siete senza meta:
ma mollatemi qui in via G. Byron, poeta.
G. Byron lo conosco, era tosto con le donne
gli han dedicato un viale con un cane lupo triste
tacchinava inglesine, veneziane e bisnonne
lui, I'orgoglio e la croce delle belle linguiste.
Byron è amico mio, perché lui era un manico
romantico, sciamanico, perché lui era un dandy;
claudicante e bellissimo e un tantino satanico
teneva in casa un teschio giusto per berci il brandy.
L'autobus che mi serve ripassa domattina
ma se cammino e sudo smisto qualche tossina
mi fan male le olive se le mischio col gin
non so se arrivo pulito fino a piazza Manin.
Non sono mezzo sbronzo,
è una sbronza completa;
ma mollatemi qui in via G. Byron, poeta.
Ero lì che pisciavo nei muri della storia
nei cespugli dell'eden, gli ultimi vespasiani
fitti di falli acidi del Genoa e del Sampdoria
e tristi come le facciate delle cattedrali;
ma sei sbucata tu da un dedalo di docce
- cuccami nel mio loden da "Ebreo errante" -
I'Olandesina smarca l'Olandese volante
poi mi hai preso di tasca il mio "Valium" in gocce…
Quei tuoi occhi da gatta svendimeli per saldo,
dammi un palo di abisso, complottiamone a caldo
ti voglio a un prezzo d'asta, in offerta speciale
piglia due e paga uno, dammi il tuo corpo di Natale;
ma io son sempre a Genova,
e tu sei sempre a dieta
mollami pure qui in via G. Byron, poeta.
En la calle G. Byron, Poeta
Estaba solo brindando a la hipocondría
que me asume para actuar como signo de exclamación
ante un público pagante hablando de ello en vivo
dentro de los círculos ARCI de humo y policía;
y ahora no tengo ganas de llevarlo a los desiertos
mira cómo lo tomo todo con extrema despreocupación
afuera está lloviendo, veo paraguas abiertos
ustedes están sin 'benza',
y yo no sin oportunidades...
Pero los zombis, los zombis ponen caras serias
se están reciclando de entre sus escombros
parecen inoxidables, verlos da gusto
especialmente los simpáticos, que pagan las bebidas
pero yo estoy delirando, ustedes están sin rumbo:
pero déjenme aquí en la calle G. Byron, poeta.
G. Byron lo conozco, era duro con las mujeres
le dedicaron una avenida con un triste perro lobo
cortejaba inglesas, venecianas y bisabuelas
él, el orgullo y la cruz de las bellas lingüistas.
Byron es mi amigo, porque él era un maníaco
romántico, chamánico, porque él era un dandi;
cojeando y hermoso y un poco satánico
tenía en casa un cráneo solo para beber brandy.
El autobús que necesito pasa mañana temprano
pero si camino y sudo elimino algunas toxinas
me duelen las aceitunas si las mezclo con gin
no sé si llegaré limpio hasta la plaza Manin.
No estoy medio borracho,
es una borrachera completa;
pero déjenme aquí en la calle G. Byron, poeta.
Estaba allí orinando en los muros de la historia
en los arbustos del Edén, los últimos vespasianos
llenos de falos ácidos del Genoa y del Sampdoria
y tristes como las fachadas de las catedrales;
pero apareciste tú de un laberinto de duchas
- acuéstate conmigo en mi abrigo de 'Judío errante' -
la Holandesa desmarca al Holandés volador
luego me quitaste de mi bolsillo mi 'Valium' en gotas...
Esos ojos de gata véndemelos en oferta,
dame un palo de abismo, complotémoslo en caliente
te quiero a precio de subasta, en oferta especial
toma dos y paga uno, dame tu cuerpo de Navidad;
pero siempre estoy en Génova,
y tú siempre estás a dieta
déjame aquí en la calle G. Byron, poeta.