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Über Marlén sprechen

Nacho Vegas

Hablando de Marlén

Hablando de Marlén, nadie recuerda bien el día en que perdió la voz,
o si es que fue ella quien dejó de hablar.
Se la solía ver con un trozo de pizarra gris
colgándole del cinturón,
a veces había algo que decir.

La hicieron nacer entre bruma y carbón
en algún lugar de la cuenca minera,
pero ya de muy pequeña alguien la trajo a Norteña,
y aquí vivió hasta el final ...
aquí vivió hasta el final ...

Marlén dio en trabajar por las noches en un club,
el Huracán 72, por dos duros y habitación.
Algunos por allí la conocieron bien,
decían "Ven, mudina, hazme feliz.
Ven y, ya que no hablas, chupa aquí".

Creo que la vi una tarde en pleno invierno,
recostada en la playa de San Lorenzo,
dibujando con dos dedos en la arena y frente al viento
algo que la mar borró ...
algo que la mar borró ...

La recuerdo al pasar, sangre seca en su nariz,
y cómo nos reíamos y nos reíamos.
Un día sin más la dejamos de ver,
y creo que nadie preguntó.
Y cómo nos reíamos.

Transcurrió un mes sin que nadie la extrañara,
y alguien la encontró en su habitación ahorcada,
y había escrito en la pizarra estas últimas palabras:
"Adiós, Norteña, olvídame" ...
"Adiós, Norteña, olvídame" ...

Über Marlén sprechen

Über Marlén sprechen, niemand erinnert sich genau an den Tag, an dem sie ihre Stimme verlor,
oder ob sie es war, die aufhörte zu reden.
Man sah sie oft mit einem Stück grauer Tafel,
hing an ihrem Gürtel,
manchmal gab es etwas zu sagen.

Sie wurde zwischen Nebel und Kohle geboren,
in irgendeinem Ort des Bergbaureviers,
aber schon als sie klein war, brachte sie jemand nach Norteña,
und hier lebte sie bis zum Ende ...
hier lebte sie bis zum Ende ...

Marlén arbeitete nachts in einem Club,
im Huracán 72, für ein paar Groschen und ein Zimmer.
Einige dort kannten sie gut,
sagten: "Komm, Mudina, mach mich glücklich.
Komm und, da du nicht sprichst, saug hier."

Ich glaube, ich sah sie eines Nachmittags im tiefsten Winter,
angelehnt am Strand von San Lorenzo,
mit zwei Fingern im Sand und gegen den Wind zeichnend
etwas, das das Meer wegwischte ...
etwas, das das Meer wegwischte ...

Ich erinnere mich, wie ich vorbeiging, getrocknetes Blut an ihrer Nase,
und wie wir lachten und lachten.
Eines Tages sahen wir sie einfach nicht mehr,
und ich glaube, niemand fragte nach.
Und wie wir lachten.

Ein Monat verging, ohne dass jemand sie vermisste,
und jemand fand sie in ihrem Zimmer erhängt,
und sie hatte auf die Tafel diese letzten Worte geschrieben:
"Leb wohl, Norteña, vergiss mich" ...
"Leb wohl, Norteña, vergiss mich" ...