O Grito do Tempo
Eu sou o grito do tempo desafiando novas eras
Sou mistérios das taperas depois que os donos mudaram
Sou saudades que ficaram lá no começo da vida
Como flor de margaridas que os anos desabrocharam.
Sou cantiga de tropeiro feliz rondando a boiada
Sou rancho beira da estrada dando abrigo ao viajante
Sou campina verdejante, riscada a ferro e a brasa
Eu sou a voz que não cala da tradição murmurante.
Sou grito de tiarajú ecoando junto ao vento
Eu sou a espada de bento empunhda contra lança
Sou bandeira da esperança dessa feliz mocidade
Querendo com igualdade amor, paz e segurança.
Eu vi raças se formarem neste meu solo pampeano
Alemães e italianos que vieram em busca de sorte
Rasgaram de sul a norte esta querência selvagem
Dando mescla e padronagem e um povo muito mais forte
Eu não tive o privilégio de estudar e ser doutro
Porém Deus, nosso senhor que ama sem geografia
Deu-me o dom da poesia e um peito cheio de amor
Pra cantar com todo ardor o rio grande que eu sentia.
El Grito del Tiempo
Soy el grito del tiempo desafiando nuevas eras
Soy los misterios de los ranchos después de que los dueños cambiaron
Son las nostalgias que quedaron al principio de la vida
Como flores de margaritas que los años desplegaron.
Soy la canción del arriero feliz rodeando el ganado
Soy el rancho al borde del camino dando refugio al viajero
Soy la campiña verdeante, marcada a fuego y brasa
Soy la voz que no calla de la tradición susurrante.
Soy el grito de tiarajú resonando con el viento
Soy la espada de bento empuñada contra la lanza
Soy la bandera de la esperanza de esta juventud feliz
Buscando con igualdad amor, paz y seguridad.
Vi razas formarse en esta tierra pampeana
Alemanes e italianos que vinieron en busca de fortuna
Han surcado de sur a norte esta tierra salvaje
Dando mezcla y patrón y un pueblo mucho más fuerte.
No tuve el privilegio de estudiar y ser otro
Pero Dios, nuestro señor que ama sin geografía
Me dio el don de la poesía y un corazón lleno de amor
Para cantar con todo fervor el río grande que sentía.
Escrita por: Honeyde Bertussi