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Esta Lluvia (Solgo Es Un Cuento De Maria Teresa Andruetto)

Raly Barrionuevo

Hubo una vez un hombre que pintaba
Sobre viejos cordobanes, sobre el papel de arroz
Sobre la seda, en las afueras de una ciudad
El hombre pintaba ramas de cerezos

Ciruelos en flor, cañaverales
Y amaneceres azules de un azul de agua
Un renacuajo en el estanque verde
Y una montaña con las cumbres blancas

Se llamaba Solgo y en una ciudad perdida
Al borde de un bosque, entre las cañas, pintaba
Cierto día pasó un servidor del imperio
Y lo vio pintando junto a su cabaña

Miró el azul en la tela, un azul sereno de agua
Luego el rojo, el amarillo, el malva
Se dijo: Lo que este hombre hace
Ha de gustarle a mi señor

Y lo llevó hasta la sede del imperio
Ay, esta lluvia me habla de la verdad
Arrastra vestigios de libertad
Y acaricia mi alma en pena con sus ojos de doncella

Ay, esta lluvia nueva viene a buscar
Solitarios gritos sin soledad
Y se adentra por mis venas
Como una canción serena

El emperador quería un retrato
Pero para sorpresa de todos Solgo se negó a hacerlo
Tendrás dinero, mucho dinero, dijo el emperador
Pero Solgo contestó que no necesitaba dinero

Tendrás comida, abrigo, mujeres, dijo el emperador
Pero Solgo contestó que no necesitaba comida
Ni abrigo, ni mujeres
Tendrás fama, honor, prestigio, dijo el emperador

Pero Solgo contestó que no le importaban
Ni el honor, la fama ni el prestigio
Ay, esta lluvia fresca viene a regar
Besos y memorias en la ciudad

Y recorre sus veredas hasta el fondo de la tierra
Si nada necesitas, ¿por qué ocupas en esto todas tus horas
Y te cansas la espalda, y te manchas las manos
Y te fatigas los ojos? Preguntó el emperador

Para buscar un azul como el de la mañana
Un negro como el de la noche
Y un verde como el de la rana, contestó Solgo
El emperador, rojo de ira, lo expulsó
De la sala, del palacio y de la ciudad imperial

Enterados de que no quería pintar por dinero
Los monjes del santuario mayor le ofrecieron
A Solgo pintar el templo
Repasar las doradas vestiduras de los dioses

Si lo haces, tendrás dicha, le dijeron
Pero Solgo contestó que mezclar los colores
Le daba toda la dicha que necesitaba
Si lo haces, tendrás luz, tendrás amor, le dijeron

Pero Solgo contestó que no necesitaba luz
Que no necesitaba amor, que ya todo lo tenía
¿Cómo puedes tener todo si vives entre pobres
En una ciudad miserable, solo como una rata? Preguntaron los monjes

Solgo bajó la cabeza y dijo que no quería pintar a los dioses
Sino apenas a la montaña azul tras la ventana
A la Luna amarilla y al renacuajo en el agua
Y entonces los monjes lo expulsaron del templo y de la ciudad sagrada

Solgo atravesó las murallas, los pobres caseríos y salió al campo
Por el camino vio a hombres, a mujeres, a niños
Alguien dijo: Tengo hambre, otro dijo: Tengo frío
Y otro: Estoy triste

Y como él nada tenía para darles
Dibujó sobre la tierra un cerezo
Un cerezo tan verdadero que embriagó a los hombres con sus flores
Y les dio frutos durante toda la vida