Lettera Di Un Pianista
Musica, madre mia!
Quando mi mettesti al mondo, il mio primo vagito fu un LA, ti ricordi? Un LA naturale. Le altre note me le hai insegnate dopo. E le ho imparate con fatica con rabbia; camminando a piccoli passi su quel sentiero irto di difficoltà, quel sentiero di ebano e avario.
Un passo bianco e un passo nero, uno bianco e uno nero. A tempo; con ritmo preciso, preciso.
E li ho incontrati tutti su quel sentiero, sai? Pozzoli, Hanon, Clementi, Czerny, Chopin, Bach, Beethoven, Liszt. Madre mia, ti degnano appena appena di uno sguardo. Che severità. Più alla mano gli altri.
Oggi questo sentiero è splendido, luminoso.
Ci passeggio, ci respiro, ci canto, ci suono, e lo percorro su e giù con sicurezza, con gioia immensa. E non guardo più nemmeno dove metto il piede, tanto lo conosco.
Si, ora lo conosco, è mio! ma che fatica madre mia, sorella mia, amante mia.
Tu sei la lingua più bella del mondo, la lingua che non si parla, eppure comprensibile a tutti, proprio tutti.
E' la lingua che parlano gli angeli in Paradiso, perciò ti amo.
E ti prego: quando sarà giunto il momento, di a quella signora di non cercarmi. L'appuntamento è lì, su quel sentiero bianco e nero di ebano e avorio. Io sarò li puntuale e sereno. E ritornerò nel tuo grembo così come sono venuto.
Te ne accorgerai, perché sentirai la mia ultima nota, uguale e identica alla prima che mi insegnasti, ti ricordi? Era un "LA", un "LA" naturale!
Carta de un Pianista
Música, madre mía!
Cuando me trajiste al mundo, mi primer llanto fue un LA, ¿recuerdas? Un LA natural. Las otras notas me las enseñaste después. Y las aprendí con esfuerzo, con rabia; caminando a paso lento por ese camino lleno de dificultades, ese camino de ébano y marfil.
Un paso blanco y un paso negro, uno blanco y uno negro. A tiempo; con ritmo preciso, preciso.
Y los encontré a todos en ese camino, ¿sabes? Pozzoli, Hanon, Clementi, Czerny, Chopin, Bach, Beethoven, Liszt. Madre mía, apenas te dignas a mirarlos. Qué severidad. Los otros son más accesibles.
Hoy este camino es espléndido, luminoso.
Lo recorro, lo respiro, lo canto, lo toco, y lo recorro arriba y abajo con seguridad, con inmensa alegría. Y ni siquiera miro dónde pongo el pie, porque lo conozco tan bien.
Sí, ahora lo conozco, ¡es mío! pero qué esfuerzo, madre mía, hermana mía, amante mía.
Tú eres el idioma más hermoso del mundo, el idioma que no se habla, pero comprensible para todos, absolutamente todos.
Es el idioma que hablan los ángeles en el Paraíso, por eso te amo.
Y te ruego: cuando llegue el momento, dile a esa señora que no me busque. La cita es ahí, en ese camino blanco y negro de ébano y marfil. Estaré allí puntual y sereno. Y regresaré a tu regazo tal como vine.
Te darás cuenta, porque escucharás mi última nota, igual a la primera que me enseñaste, ¿recuerdas? ¡Era un