Anaclasis
Tyranny, vengeance and blasphemy,
The sickening marks of the unholy trinity,
Cast down upon this despicable existence to defile the unsealed.
To wage war on the kingdom of Heaven,
Screaming with a hematic asperity for the blood of the saints on his decrepit hands,
The infernal synthetic godhead sits on his vile throne,
As the flames descend from the skies to scorch this desolate earth.
Blasphemous words seep forth like blood from his inimical lips,
Breathing prophecies of deceit and insolent acclaim for the one true falsehood.
Birthing this depraved architecture of filth and heresy,
To wage war on the kingdom of heaven with a hematic asperity,
The Anaclasis of reason, the spiralling apostasy of the unsealed populace,
And we, the unsealed, are defiled.
Made abject by these infernal tyrants,
Forcefed blasphemy and ethereal disgust.
The flames descend from the sky to scorch this desolate earth.
The odious mark is etched in our rotten flesh,
Our damnation made true, carved into our wrists reads Six-Six-Six,
Our eyes shift in and out of focus,
We are the unsealed, we are the ruined, we are the deceased…
Anaclasis
Tirania, venganza y blasfemia,
Las repugnantes marcas de la trinidad impía,
Arrojadas sobre esta existencia despreciable para profanar lo no sellado.
Para librar guerra contra el reino del Cielo,
Gritando con una aspereza hemática por la sangre de los santos en sus manos decrepitas,
El dios sintético infernal se sienta en su vil trono,
Mientras las llamas descienden del cielo para quemar esta tierra desolada.
Palabras blasfemas brotan como sangre de sus labios inimicales,
Respirando profecías de engaño y aclamación insolente por la única verdadera falsedad.
Dando a luz esta arquitectura depravada de suciedad y herejía,
Para librar guerra contra el reino del cielo con una aspereza hemática,
La Anaclasis de la razón, la apostasía en espiral de la población no sellada,
Y nosotros, los no sellados, estamos profanados.
Hechos abyectos por estos tiranos infernales,
Alimentados a la fuerza con blasfemia y repugnancia etérea.
Las llamas descienden del cielo para quemar esta tierra desolada.
La odiosa marca está grabada en nuestra carne podrida,
Nuestra condena hecha realidad, tallada en nuestras muñecas lee Seis-Seis-Seis,
Nuestros ojos se desenfocan,
Somos los no sellados, somos los arruinados, somos los difuntos...