Senhor da Tempestade
Já era tarde, a noite o céu dominou
No barco Jesus e os discípulos
Em alto mar estavam, quando tudo começou
O Mestre havia adormecido
Uma tempestade furiosa se levanta
Fazendo o barco todo estremecer
Ondas gigantes se aproximam
O mar revolto em direção
Ao barco então avança
Todos pensam: Vamos perecer!
Então a Cristo eles desafiam
Mestre, não Te importa que pereçamos?
Despertando o Mestre, Suas mãos levantou
Repreendeu o vento e ao mar Ordenou
Cala-te, aquieta-te pois da tempestade Eu Sou o Senhor
Jeová, Senhor da tempestade
Faça calar o vento, Tu tens autoridade
Faça o impossível, vem acalmar o mar
Dissolva as ondas, podes ordenar
Traga a bonança e dissipa as trevas
Aviva a esperança e restaura a fé
Tua voz tem o poder, ordena
E a tempestade irá Te obedecer
Declamação
O Senhor da tempestade está no barco
Ele tem todo poder e toda autoridade
O vento e o mar não podem resistir ao Seu mandar
O Senhor da tempestade está entre nós
Aleluia, aleluia
Aleluia, aleluia
Señor de la Tormenta
Ya era tarde, la noche dominó el cielo
En el barco Jesús y los discípulos
En alta mar estaban, cuando todo comenzó
El Maestro se había quedado dormido
Una tormenta furiosa se levanta
Haciendo temblar todo el barco
Olas gigantes se acercan
El mar revuelto en dirección
Al barco entonces avanza
Todos piensan: ¡Vamos a perecer!
Entonces desafían a Cristo
Maestro, ¿no te importa que perezcamos?
Despertando el Maestro, levantó sus manos
Reprendió al viento y al mar Ordenó
¡Cálmate, aquietate pues de la tormenta Yo Soy el Señor!
Jehová, Señor de la tormenta
Haz callar al viento, Tú tienes autoridad
Haz lo imposible, ven a calmar el mar
Disuelve las olas, puedes ordenar
Trae la calma y disipa las tinieblas
Aviva la esperanza y restaura la fe
Tu voz tiene el poder, ordena
Y la tormenta Te obedecerá
Declamación
El Señor de la tormenta está en el barco
Él tiene todo el poder y toda la autoridad
El viento y el mar no pueden resistir a Su mandato
El Señor de la tormenta está entre nosotros
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Escrita por: Eduardo Schenatto