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Vladslo

Willem Vermandere

Vladslo

In 't Praetbos buiten Vladslo,
van God en mens verlaten,
ligt de jonge Peter Kollwitz,
in een massagraf van soldaten
en ik ken geen vrediger wereld,
van roerlozer bomen,
geen schoner kathedrale,
om te bidden en om te dromen.
Je mag er ook nootjes rapen,
of stilletjes mediteren,
als z'op uw rechterkake slaan
moe'j de linker ook presenteren,
daar komen soms kinders spelen
en geliefden heel teder vrijen,
want 't mos is daar zo zacht,
om te slapen en om te schreien.
Schaam je maar niet om je tranen,
je mag daar ook nereknielen,
en prevel de dode namen
van de dertigduizend zielen,
ze kwamen uit Duitsland de moeders
en de vaders in grote getallen,
om zwijgend 't hoofd te schudden,
'ach mein Kind ist hier gefallen.'
Voor al dat nutteloos sterven,
al dat afgeknakt jong leven,
waar is die God van den hemel,
die ons hier vrede kan geven,
waar zijn nu de dwaze officieren,
al die leugens zo lelijk gelogen,
niets dan versteende vaders
en moeders diepe gebogen.
In 't Praetbos buiten Vladslo,
op dat massagraf van soldaten,
staan nu Käthe Kollwitz's beelden,
van God en mens verlaten
en ik ken geen heviger wereld,
geen menselijker bede,
dan die twee donkere stenen,
die zo diepe schreien om vrede.

Vladslo

En el bosque de Praetbos fuera de Vladslo,
abandonado por Dios y por los hombres,
está el joven Peter Kollwitz,
en una fosa común de soldados.
Y no conozco un mundo más pacífico,
de árboles más inmóviles,
ninguna catedral más hermosa,
para rezar y para soñar.
También puedes recoger nueces allí,
o meditar en silencio,
si te golpean en la mejilla derecha,
deberás presentar la izquierda también,
a veces vienen niños a jugar
y amantes a besarse tiernamente,
porque el musgo es tan suave allí,
para dormir y para llorar.
No te avergüences de tus lágrimas,
también puedes arrodillarte allí,
y susurrar los nombres de los muertos
de las treinta mil almas,
vinieron de Alemania las madres
y los padres en gran número,
para sacudir la cabeza en silencio,
'¡oh, mi hijo ha caído aquí!'
Por todas esas muertes inútiles,
toda esa vida joven cortada,
¿dónde está ese Dios del cielo,
que puede traernos paz aquí?,
¿dónde están los oficiales insensatos ahora,
con todas esas mentiras tan feamente contadas?,
solo padres petrificados
y madres profundamente inclinadas.
En el bosque de Praetbos fuera de Vladslo,
en esa fosa común de soldados,
ahora se encuentran las esculturas de Käthe Kollwitz,
abandonadas por Dios y por los hombres,
y no conozco un mundo más intenso,
una súplica más humana,
que esas dos piedras oscuras,
que lloran tan profundamente por la paz.

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