Fé É Também Diligência e Obras
Fé é confiança em Cristo
mas também é
diligência e obras.
A fé que se revelou
na ação e coragem
de Josué e Calebe.
A fé que que teve Raabe
acolhendo os espias de Israel
correndo o risco de ser morta.
Por isso no dizer de Tiago
a fé é vista nas obras.
As obras de justiça evangélica.
As obras diligentes e fervorosas,
que produzem mártires felizes.
Felizes por darem
suas vidas por Cristo...
em se gastarem em prol
do bom combate da fé,
por amor ao Senhor
e ao evangelho.
Elimine-se a diligência
e com ela a fé vai embora.
Diligência em mortificar o pecado,
em praticar a Palavra,
em renunciar a tudo por Cristo,
em se empenhar
na obra do ministério.
Diligência em correr com perseverança
a carreira que nos está proposta.
Seguir sempre adiante,
sem olhar para trás,
não largando o arado
que está destinado
a quebrar o pecado,
que habita em nós.
Não poupar a vida
para não perdê-la.
Mas gastar a vida
para poder achá-la.
Sepultar o ego na terra,
para a germinação
da vida eterna.
Ah que alegria há
em servir a Cristo.
Para quem o faz
há grande recompensa.
Recalcada e sacudida,
de bênçãos sem medida,
espirituais e celestiais,
provindas das mãos
de Deus, nosso Pai.
La Fe También es Diligencia y Obras
La fe es confianza en Cristo
pero también es
diligencia y obras.
La fe que se manifestó
en la acción y valentía
de Josué y Caleb.
La fe que tuvo Rahab
al recibir a los espías de Israel
arriesgando su vida.
Por eso, según Santiago,
la fe se ve en las obras.
Las obras de justicia evangélica.
Las obras diligentes y fervorosas,
que producen mártires felices.
Felices por dar
sus vidas por Cristo...
al gastarlas por
la buena lucha de la fe,
por amor al Señor
y al evangelio.
Elimina la diligencia
y la fe se va con ella.
Diligencia en mortificar el pecado,
en practicar la Palabra,
en renunciar a todo por Cristo,
en dedicarse
a la obra del ministerio.
Diligencia en correr con perseverancia
la carrera que se nos ha propuesto.
Seguir siempre adelante,
sin mirar atrás,
sin soltar el arado
destinado
a romper el pecado
que habita en nosotros.
No salvar la vida
para no perderla.
Pero gastar la vida
para poder encontrarla.
Enterrar el ego en la tierra,
para la germinación
de la vida eterna.
¡Oh, qué alegría hay
en servir a Cristo!
Para aquellos que lo hacen
hay una gran recompensa.
Reprimida y sacudida,
de bendiciones sin medida,
espirituales y celestiales,
provenientes de las manos
de Dios, nuestro Padre.