Pacto de Graça e Não de Obras
A nossa salvação não é baseada
num pacto ou aliança
da Lei ou obras,
mas num pacto, ou seja,
numa aliança de pura graça.
Há uma grande linha divisória
entre apóstatas que caem
para uma perdição eterna,
e os verdadeiros crentes,
que jamais poderão cair
numa queda final.
Como Davi, eles poderão
falhar e cair,
mas jamais numa queda final
porque estão debaixo
da promessa feita por Deus
de que completaria a boa obra
que iniciou neles,
porque não podem ser movidos
da rocha inabalável
na qual estão
fundamentados e firmados
que é Cristo Jesus.
Há muitos que pensam
estarem ligados a Cristo,
e que estão trabalhando para Ele.
Eles protestarão no último dia
que profetizaram,
que realizaram milagres
e que expeliram demônios
em Seu nome,
e ouvirão a terrível sentença
dos Seus lábios
de que nunca os conheceu
por praticarem a iniqüidade.
Isto é, eles sequer foram limpos
dos seus pecados
no Seu sangue precioso,
e viveram segundo a carne,
e não debaixo da graça
do Espírito Santo.
E estes, se surpreenderão
porque no modo de pensar deles
nunca haviam apostatado da fé.
Mas dos crentes, de suas ovelhas,
nosso Senhor afirma não somente
que os conhece,
como também é conhecido por eles.
A apostasia citada pelo autor de Hebreus,
daqueles que é impossível
serem renovados para arrependimento,
e dos que são rejeitados e queimados
por Deus com um fogo destruidor,
não se refere a este cair
eventual em pecados,
mas sim, a uma queda total,
a um afastamento de Deus definitivo
que não pode ocorrer
com verdadeiros crentes.
Pedro havia negado a Cristo,
mas foi restaurado
na sua comunhão com Ele.
Davi havia perdido a alegria da salvação
e pensava até mesmo
que o Espírito Santo seria retirado dele,
mas foi igualmente restaurado
na comunhão com o Senhor,
que também lhe concedeu
graça para arrependimento.
Pacto de Gracia y No de Obras
Nuestra salvación no está basada
en un pacto o alianza
de la Ley o obras,
sino en un pacto, es decir,
en una alianza de pura gracia.
Hay una gran línea divisoria
entre apóstatas que caen
hacia una perdición eterna,
y los verdaderos creyentes,
que jamás podrán caer
en una caída final.
Como David, ellos podrán
fallar y caer,
pero jamás en una caída final
porque están bajo
la promesa hecha por Dios
de que completaría la buena obra
que inició en ellos,
porque no pueden ser movidos
de la roca inquebrantable
en la cual están
fundamentados y firmes
que es Cristo Jesús.
Hay muchos que piensan
estar unidos a Cristo,
y que están trabajando para Él.
Protestarán en el último día
que profetizaron,
que realizaron milagros
y que expulsaron demonios
en Su nombre,
y escucharán la terrible sentencia
de Sus labios
de que nunca los conoció
por practicar la iniquidad.
Es decir, ni siquiera fueron limpiados
de sus pecados
en Su sangre preciosa,
y vivieron según la carne,
y no bajo la gracia
del Espíritu Santo.
Y estos, se sorprenderán
porque en su forma de pensar
nunca habían apostatado de la fe.
Pero de los creyentes, de sus ovejas,
nuestro Señor afirma no solo
que los conoce,
sino que también es conocido por ellos.
La apostasía citada por el autor de Hebreos,
de aquellos que es imposible
ser renovados para arrepentimiento,
y de los que son rechazados y quemados
por Dios con un fuego destructor,
no se refiere a este caer
eventual en pecados,
sino a una caída total,
a un alejamiento de Dios definitivo
que no puede ocurrir
con verdaderos creyentes.
Pedro había negado a Cristo,
pero fue restaurado
en su comunión con Él.
David había perdido la alegría de la salvación
y pensaba incluso
que el Espíritu Santo sería retirado de él,
pero fue igualmente restaurado
en la comunión con el Señor,
que también le concedió
gracia para arrepentimiento.