Rua da desolación
venden postais dos aforcados
xa dan pasaporte aos ladróns
os mariñeiros xa voltaron,
o circo xa chegou
no mosteiro os frades trinitários
xa non poden escrivir
xa non erguen as suas plumas
nen hai pan que bendecir
e nas camas, baixo as mantas
as prostitutas piden por favor
que Ari i eu vixiemos
desde a rua da desolación
desprovista das suas cinzas
cos zapatos de cristal
ve-la aí vai facendo dedo
puro estilo Kerouac;
a iso das doce e sen casco
vén Romeo na sua K-100
ela bota-lle un surriso
e monta agarradiña a el;
non hai alma, ninguén baila
dan as cinco no reló
só queda Cenicienta
barre a rua da desolación
lua chea, case oculta
e as estrelas que finxen sair
os meigallos xa se esconden
ninguén sabe o seu porvir;
todo o mundo excepto Ovídio,
Quazimodo ou don Fermin,
todo o mundo fai o amor
ou polo menos iso é o que din
e Santa Teresa reza
vai sair de procesión;
oe-se o cruxir das camas
desde a rua da desolación
Ofélia está na fiestra
qué vai ser dela?, eu non sei;
só ten vintedous anos
e aparenta oitenta e seis;
leva postos sete brancos
cinturóns de castidade,
afogada en misticismo,
falta de vitalidade;
moi a pesar da sua moral
e dos dogmas da relixión,
envidiosa mira ás mozas
que hai na rua da desolación
Einstein vai de Robin Hood
escondido no disfraz
paseando mentras pensa
sobre a relatividade;
vai chupando o seu cigarro,
entre sombras chega á lus,
solta enteiro o alfabeto
e logo invoca a Belcebu;
endexamais poderias pensar
en toda a fama que acadou
aquel fraco violinista
pola rua da desolación
na consulta don Merdiña
garda o mundo no caixón,
un minuto por paciente
vale o título de doutor;
ten un taco de recetas,
bota a firma con plumin,
a enfermeira, moi boa moza
pinta os beizos de carmin
e se non chegan pacientes
colle e baixa os pantalóns;
non hai sexo sen mornura
pola rua da desolación
colocaron xa as pancartas,
anunciou-se xa o festin,
convidaron ao Tenório
e ao marqués de Bradomin;
dirixindo a ceremónia
o Chepas de Notredame
envenena coas suas verbas
ao larpeiro de don Juan;
chega o Chepas pra lles informar
ás mociñas que el encandilou:
potro pra don Juan por pernoctar
na rua da desolación
ao redor da meia noite
os axentes de control
aos que saben mais que eles
levan-nos para a prisón;
logo son encadeados
a unha máquina infernal,
sofren dous ou tres infartos
até que a dose letal
é inxectada polos homes
redentores da razón
para que ninguén escape
pola rua da desolación
rumbo ao cetro de Neptuno
zarpou cedo, hoxe ao mencer,
o Titanic cheo de homes
condenados a morrer:
Peckimpah, o Che e Elliott
a berrar co capitán
e os cantantes de calipso
xa están listos pra bailar,
fan parellas coas sereas
baixo un sol abrasador
e xa non hai mais que contar
desde a rua da desolación
recivin a tua carta onte
sobre os homes e as suas razóns
cando contabas o que pasaba
pensei eu: pobres de nós!
toda esa xente da que falas
xa sei que non están moi ben,
tiven que arranxar-lles as caras
e dar-lles algo de comer;
pero, por favor, se podes agardar
non me mandes mais cartas, non,
unicamente que as franquees
desde a rua da desolación
Calle de la desolación
venden postales de los ahorcados
ya dan pasaporte a los ladrones
los marineros ya regresaron,
el circo ya llegó
en el monasterio los frailes trinitarios
ya no pueden escribir
ya no levantan sus plumas
ni hay pan que bendecir
y en las camas, bajo las mantas
las prostitutas piden por favor
que Ari y yo vigilemos
desde la calle de la desolación
desprovista de sus cenizas
con zapatos de cristal
allí va haciendo dedo
puro estilo Kerouac;
a eso de las doce y sin casco
viene Romeo en su K-100
ella le sonríe
y se monta agarradita a él;
no hay alma, nadie baila
dan las cinco en el reloj
sólo queda Cenicienta
barriendo la calle de la desolación
luna llena, casi oculta
y las estrellas que fingen salir
los grillos ya se esconden
nadie sabe su porvenir;
todo el mundo excepto Ovidio,
Quasimodo o don Fermín,
todo el mundo hace el amor
o al menos eso es lo que dicen
y Santa Teresa reza
va a salir en procesión;
se oye el crujir de las camas
desde la calle de la desolación
Ofelia está en la ventana
¿qué será de ella?, yo no sé;
sólo tiene veintidós años
y aparenta ochenta y seis;
lleva puestos siete blancos
cinturones de castidad,
ahogada en misticismo,
falta de vitalidad;
muy a pesar de su moral
y de los dogmas de la religión,
envidiosa mira a las chicas
que hay en la calle de la desolación
Einstein va de Robin Hood
escondido en el disfraz
paseando mientras piensa
sobre la relatividad;
va chupando su cigarrillo,
entre sombras llega a la luz,
suelta entero el alfabeto
y luego invoca a Belcebú;
nunca podrías pensar
en toda la fama que alcanzó
aquel frágil violinista
por la calle de la desolación
en la consulta don Merdiña
guarda el mundo en el cajón,
un minuto por paciente
vale el título de doctor;
tiene un taco de recetas,
firma con pluma,
la enfermera, muy guapa
pinta los labios de carmín
y si no llegan pacientes
toma y baja los pantalones;
no hay sexo sin ternura
por la calle de la desolación
colocaron ya las pancartas,
se anunció ya el festín,
invitaron a Tenorio
y al marqués de Bradomín;
dirigiendo la ceremonia
el Jorobado de Notre Dame
envenena con sus palabras
al libertino de don Juan;
llega el Jorobado para informarles
a las chicas que él deslumbró:
cama para don Juan por pernoctar
en la calle de la desolación
alrededor de la medianoche
los agentes de control
a los que saben más que ellos
los llevan a la prisión;
luego son encadenados
a una máquina infernal,
sufren dos o tres infartos
hasta que la dosis letal
es inyectada por los hombres
redentores de la razón
para que nadie escape
por la calle de la desolación
rumbo al cetro de Neptuno
zarpó temprano, hoy al amanecer,
el Titanic lleno de hombres
condenados a morir:
Peckinpah, el Che y Elliott
gritando con el capitán
y los cantantes de calipso
ya están listos para bailar,
hacen parejas con las sirenas
bajo un sol abrasador
y ya no hay más que contar
desde la calle de la desolación
recibí tu carta ayer
sobre los hombres y sus razones
cuando contabas lo que pasaba
pensé yo: ¡pobres de nosotros!
toda esa gente de la que hablas
ya sé que no están muy bien,
tuve que arreglarles las caras
y darles algo de comer;
pero, por favor, si puedes esperar
no me mandes más cartas, no,
sólo que las franquees
desde la calle de la desolación