395px

Pintor borracho

Alfredo Marceneiro

Bêbado Pintor

Encostado sem brio ao balcão da taberna
De nauseabunda cor e tábua carcomida
O bêbado pintor a lápis desenhou
O retrato fiel duma mulher perdida

Era noite invernosa e o vento desabrido
Num louco galopar ferozmente rugia,
Vergastando os pinhais, pelos campos corria,
Como um triste grilheta ao degredo fugido.
Num antro pestilento, infame e corrompido,
Imagem de bordel, cenário de caverna,
Vendia-se veneno à luz duma lanterna
À turba que se mata, ingerindo aguardente,
Estava um jovem pintor, atrofiando a mente,
Encostado sem brio ao balcão da taberna.


Rameiras das banais, num doido desafio,
Exploravam do artista a sua parca féria,
E ele na embriaguez do vinho e da miséria,
Cedia às tentações daquele mulherio.
Nem mesmo a própria luz nem mesmo o próprio frio,
Daquele vazadouro onde se queima a vida,
Faziam incutir à corja pervertida,
Um sentimento bom d'amor e compaixão,
P'lo ébrio que encostava a fronte ao vil balcão,
De nauseabunda cor e tábua carcomida.


Impudica mulher, perante o vil bulício
De copos tilintando e de boçais gracejos,
Agarrou-se ao rapaz, cobrindo-o de beijos,
Perguntando a sorrir, qual era o seu oficio,
Ele a cambalear, fazendo um sacrifício,
Lhe diz a profissão em que se iniciou,
Ela escutando tal, pedindo-lhe alcançou
Que então lhe desenhasse o rosto provocante,
E num sujo papel, o rosto da bacante
O bêbado pintor com um lápis desenhou.


Retocou o perfil e por baixo escreveu,
Numa legível letra o seu modesto nome,
Que um ébrio esfarrapado, com o rosto cheio de fome,
Com voz rascante e rouca à desgraçada leu,
Esta, louca de dor, para o jovem correu,
E beijando-lhe o rosto, abraço-o de seguida...
Era a mãe do pintor, e a turba comovida,
Pasma ante aquele quadro, original, estranho,
Enquanto o pobre artista amarfanha o desenho:
O retrato fiel duma mulher perdida.

Pintor borracho

Inclinado en el mostrador de la taberna
De color nauseabunda y tabla carcomida
El pintor lápiz borracho dibujó
El fiel retrato de una mujer perdida

Era una noche de invierno y el viento no se abrió
En un galope loco ferozmente
Cegando los bosques de pinos, corriendo a través de los campos
Como un triste grillete a la escritura fugitiva
En una guarida pestilente, infame y corrupta
Imagen de burdeles, escenografía de cavernas
Veneno se vendió a la luz de una linterna
A la multitud que se mata, ingiriendo ayuda
Había un joven pintor, atrofiando su mente
Apoyado desenfrenado contra el mostrador de la taberna


Las zorras banales, en un desafío loco
Exploraron desde el artista en sus vacaciones
Y él en la embriaguez del vino y la miseria
Me cedí a las tentaciones de esa mujer
Ni siquiera la luz misma, ni siquiera el frío mismo
De esa fuga donde quemas tu vida
Hicieron inculcar el corge
Un buen sentimiento de amor y compasión
Al borracho que se inclinó la frente contra el vil contador
De color nauseabunda y tabla de carcomida


Mujer inimpudic, en la cara del vil ajetreo
De tazas tintineantes y de copas de broma
Se aferró al niño, cubriéndolo de beso
Preguntando a sonreír, ¿cuál era su oficina
Se tambalea, haciendo un sacrificio
Te dice la profesión en la que has empezado
Ella escuchando tal, pidiéndole que se acerque
Luego dibuja su rostro provocativo
Y en un papel sucio, la cara de las bacas
El pintor borracho con un lápiz dibujó


Reproduzaste el perfil y debajo lo escribiste
En una carta legible su modesto nombre
Que un borracho harapiento con una cara hambrienta
Con una voz rugiente y ronca a la miserable ley
Esto, loco de dolor, para la joven prisa
Y besando su cara, lo abrazo entonces
Ella era la madre del pintor, y la multitud se mudó
Horrible en esa pintura, original, extraño
Mientras el pobre artista marfesta el dibujo
El fiel retrato de una mujer perdida

Escrita por: Alfredo Marceneiro