Romance do injustiçado
Como talhado em pau-ferro,
o carão de traços duros,
o bigodão mal cuidado
desabando sobre os lábios;
par de asas mui cansadas
de um avejão de cor negra.
Melena de muitos meses,
sobrando por sobre a gola
e o colorado de um lenço,
sangrando em riba do peito.
A bombacha de dois panos,
remangada sobre a bota.
Os cravos da espora grande
mordendo a franja do pala,
bem atirado pra trás.
No fivelão da guaiaca,
luzindo em campo de prata,
o louro das iniciais.
Sobrando da faixa negra
que lhe abarcava a cintura,
o cabo entalhado em chifre
da xerenga de dois palmos.
Um relho, trança de oito,
vinha arrastando a açoiteira
dependurado no pulso
pelo tento do fiel.
Pela rédea, o azulego,
se via que flor de flete
malgrado a estampa judiada
de pingo que muito andou.
Foi assim que há muitos anos
bateu nas casas da estância
o celebrado bandido
chamado "Estácio Arijo".
Bandido
para a justiça,
por seu respeito se explique,
que as razões de um índio macho
nem sempre são bem aceitas
pelos códigos e leis.
Bandido
por ter sangrado,
igual de raiva e de armas
a um cujo que desonrara
a mais moça das irmãs.
Bandido,
porque apertado
entre as brigadas e a enchente,
já não podendo escapar
por debaixo da fumaça,
matou um dos quatro praças
que lo quiseram carnear.
Bandido,
porque seguido
por milicadas sequiosas
de uma vingança total,
fugiu da estrada real
para o mais fundo dos matos,
carneando chibos alheios
para o churrasco sem sal.
Bandido,
porque enleado
na rudez da ignorância,
fez da fuga e da distância
seu modo de mal viver;
porque quis a sina ingrata,
que nunca tivesse plata
para pagar um bacharel.
Bandido,
porque não teve,
a exemplo de tanta gente,
cancha livre, costas quentes,
à sombra de um coronel.
E assim viveu como bicho,
pelos fundões das fazendas,
a carregar a legenda
de perigoso e assassino,
ximbo, bagual, teatino,
com fama de touro alçado,
tragando o duro guisado
que lhe picava o destino.
N'algum bolicho de estrada
boleava a perna cestroso,
pelos domingos de tarde.
Para um cantil de cachaça,
meio quilo de bolacha
mais um punhado de sal.
Olhava de olhos compridos
para o mais das prateleiras,
pra um bom fumo amarelinho,
pros maços de palha buena,
para a erva de palmeira,
num saco sobre o balcão.
Mas vinha curto seu cobre,
mal e mal traz precisão;
o bolicheiro era pobre,
e ele não era ladrão.
E a polícia no seu rastro,
malgrado o tempo passado,
perseguido e acuado
por plainos e socavões,
sempre mudando de pouso
pra confundir os milicos,
que em manhas sim, era rico,
por evidentes razões.
Cansou-se um dia, afinal,
daquela vida de bicho,
daquele estranho cambicho
com as más volteadas da sorte,
de não ter rumo nem norte,
não ter descanso ou sossego.
E assim bateu cá na estância,
naquele entono de taita
que manda parar a gaita
por ter cansado do baile.
E ao patrão, velho Boerana,
pediu Estácio Arijo
que mandasse algum chirú
levar ao povo um recado:
que viesse o delegado,
que ele afinal resolvera:
ele, o bandido; ele, o maula,
trocar o largo dos campos
pelo encolhido das jaulas.
Nas suas noites de insônia,
entre um pelego e as estrelas,
conseguira convencer-se
que, sendo justa, a justiça
lhe entenderia as razões
e lhe daria, a lo muito,
poucos anos de condena
ou mesmo absolvição.
Foi então, que a meia tarde,
num fordecão atochado,
deu na estância o delegado
com quatro praças por quebra
para formar o sarilho:
quatro fuzis embalados,
quatro dedos no gatilho.
Então ... Estácio Arijo
tomou seu último mate,
no mesmo entono de guapo
que era seu jeito de sempre,
arrastou a espora grande
na direção dos milicos.
- Nem mais um passo!
gritou-lhe num gritinho de falsete,
o delegado, um joguete
nas mãos do chefe local.
- Levante as mãos!
- Largue as armas!
- Esteje preso, seu bandido,
seu metedor de pendenga!
E o Arijo, decidido
a entregar-se sem briga,
levou a mão à barriga
para descartar a xerenga.
- Cuidado! Berrou um praça.
Tremeram cinco covardes;
e na calma desta tarde
berraram quatro fuzis,
quatro sóis de fumo e sangue
se lhe acenderam no peito.
Foi desabando aos pouquitos
de frente para os milicos,
no jeito de um velho angico
caído junto às macegas
que lhe envejavam o entono.
E já quase adormecendo
para o derradeiro sono,
quatro vezes mal ferido,
teve ainda tino e ouvido
para escutar um dos cinco
que lhe gritava:
- Bandido!
Caiu ...
olhando pro céu,
tinto de sangue e de luz.
Dava-lhe o sol pela frente,
como a incendiar-lhe a figura,
a mais rica das molduras
para enquadrar um valente !
Romance de los agraviados
Como tallado de hierro
la cara de golpes duros
el bigote mal cuidado
colapsando en los labios
par de alas muy cansadas
de un pájaro de color negro
Melena de muchos meses
que queda sobre el cuello
y el colorado de una hoja
sangrado en riba desde el pecho
La bombacha de dos telas
retenido sobre el arranque
Los claveles de la gran espuela
mordiendo el flequillo del pal
bien arrojado hacia atrás
En la hebilla de guayaca
luz en el campo de plata
el rubio de las iniciales
Queda del cinturón negro
que abrazó su cintura
el cable tallado en cuerno
del xerenga de dos pies
Un chal, trenza de ocho
había estado arrastrando el batido
colgando de la muñeca
por el bien del creyente
Por la rienda, el azulejo
se vio esa flor de pulga
a pesar de la impresión judía
de una pizca que caminaba mucho
Eso es lo que hace muchos años
golpear las casas del complejo
El Bandido Celebrado
llamado «Estácio Arijo
Bandido
para la justicia
por tu respeto explique el tuyo
que las razones de un indio masculino
no siempre son bien aceptados
por códigos y leyes
Bandido
por haber sangrado
igualdad de ira y armas
a aquel cuyo deshonrado
la más joven de las hermanas
Bandido
porque apretado
entre las brigadas y la inunda
ya no poder escapar
bajo el humo
mató a uno de los cuatro cuadrados
que quería encarnarlo
Bandido
porque siguió
por thirsty milicates
de una venganza total
huyó de la carretera real
al más profundo de los autobús
soplones de carne otras personas
para la barbacoa sin sal
Bandido
porque enrollado
en la grosería de la ignorancia
hizo el escape y la distancia
su manera de vivir mal
porque quería a los desagradecimientos
Nunca tuve una plata
para pagar por un soltero
Bandido
porque no lo tenías
al ejemplo de tantas personas
cancha libre, espalda calienta
a la sombra de un coronel
Y entonces vivía como un animal
por los cimientos de las granjas
cargar el título
de peligrosos y asesinatos
Ximbo, bagual, teatral
con fama como bala
tragar el estofado duro
que picó su destino
En alguna bola de carretera
se enganchó su cesta
los domingos por la tarde
Para una cantina de cachaça
medio kilo de oblea
otro puñado de sal
Miró con los ojos largos
a la mayoría de los estantes
para un buen humo amarillento
para los fajos de paja buena
para la palma de la hierba
en una bolsa en el mostrador
Pero le faltó su cobre
mal y mal trae precisión
la bolera era era pobre
Y no era un ladrón
Y la policía en su rastreo
a pesar del tiempo pasado
perseguidos y acosados
por cepilladoras y calcetines
siempre cambiando el aterrizaje
confundir a los milios
que por la mañana, sí, era rico
por razones obvias
Se cansó un día, después de todo
de esa vida animal
de ese extraño remolino
con los malos giros de la suerte
para no estar ni en dirección ni en el norte
no descansen ni se calmen
Y entonces golpeó la piedra
en ese entono de taita
que detiene la armónica
por cansarse del baile
Y al jefe, la vieja Boerana
preguntó Estácio Arijo
para enviar un poco de chiru
para llevar un mensaje a la gente
que el delegado subiera
que finalmente había resuelto
él, el bandido; él, el maula
cambiar el ancho de los campos
por el encogido de las jaulas
En tus noches de insomnio
entre un peludo y las estrellas
había sido capaz de convencerse a sí mismo
que, siendo justo, la justicia
te entendería las razones
y le daría mucho a él
pocos años de condena
o incluso la absolución
Fue entonces, esa media tarde
en un fordecano
dio en la oficina el delegado
con cuatro cuadrados por descanso
para formar problemas
cuatro rifles embalados
cuatro dedos en el gatillo
Así que... Arijo Statio
tomó su último asesinato
en el mismo guapo intono
que era su manera habitual
arrastró el gran espolón
en la dirección de los milicos
¡Ni un paso más!
le gritó en un pequeño grito falso
El Marshal, un juguete
en manos del jefe local
¡Levanta las manos!
¡Tiren las armas!
Deténganse, bandido
¡Eres un compañero de penenga!
Y Arijo, decidió
a rendirse sin pelear
tomó su mano a su vientre
para descartar el xerenga
¡Cuidado! Gritó un cuadrado
Cinco cobardes temblaron
y en la calma de esta tarde
Gritaron cuatro rifles
cuatro soles de humo y sangre
si se encendieron en su pecho
Se estaba desmoronando poco a poco
frente a los milios
en el camino de un viejo angico
caído por los macegas
que envidiaba su intonus
Y ya casi se queda dormido
para el sueño definitivo
cuatro veces gravemente lesionadas
había incluso un sentido y oído
para escuchar a uno de los cinco
quien le gritó
¡Bandido!
Cayó
mirando hacia el cielo
rojo de sangre y luz
Le daría el sol delante de él
como prender fuego a su figura
el más rico de los marcos
para enmarcar a uno valiente!