Fado Varina
De mão na anca,
descompõem à freguesa.
Atrás da banca,
chamam-lhe cosma(?) e burguesa.
Mas nessa voz,
como insulto à portuguesa,
há o sal de todos nós,
há ternura e há beleza.
Do alto mar
chega o pregão que se alastra:
têm ondas no andar
quando embalam a canastra.
Minha varina,
chinelas por Lisboa.
Em cada esquina
é o mar que se apregoa.
Nas escadinhas
dás mais cor aos azulejos
quando apregoas sardinhas
que me sabem como beijos.
Os teus pregões
são iguais à claridade:
caldeirada de canções
que se entorna na cidade.
Cordões ao peito,
numa luta que é honrada.
A sogra a jeito
na cabeça levantada.
De perna nua,
com provocante altivez,
descobrindo o mar da rua
que esse, sim, é português.
São as varinas
dos poemas do Cesário
a vender a ferramenta
de que o mar é o operário.
Minha varina,
chinelas por Lisboa.
Em cada esquina
é o mar que se apregoa.
Nas escadinhas
dás mais cor aos azulejos
quando apregoas sardinhas
que me sabem como beijos.
Os teus pregões
nunca mais ganham idade:
versos frescos de Camões
com salada de saudade.
Fado Varina
Con la mano en la cadera,
descomponen a la vecina.
Detrás del mostrador,
la llaman cosma(?) y burguesa.
Pero en esa voz,
como insulto a la portuguesa,
hay la sal de todos nosotros,
hay ternura y belleza.
Desde el alto mar
llega el pregón que se expande:
tienen olas en el andar
cuando mecen la cesta.
Mi varina,
sandalias por Lisboa.
En cada esquina
es el mar que se anuncia.
En las escaleras
das más color a los azulejos
cuando anuncias sardinas
que me saben como besos.
Tus pregones
son como la claridad:
una mezcla de canciones
que se derrama en la ciudad.
Cordones en el pecho,
en una lucha honrada.
La suegra lista
con la cabeza en alto.
Con pierna desnuda,
con provocativa altivez,
descubriendo el mar de la calle
que ese, sí, es portugués.
Son las varinas
de los poemas de Cesário
vendiendo la herramienta
de la que el mar es el obrero.
Mi varina,
sandalias por Lisboa.
En cada esquina
es el mar que se anuncia.
En las escaleras
das más color a los azulejos
cuando anuncias sardinas
que me saben como besos.
Tus pregones
nunca envejecen:
versos frescos de Camões
con ensalada de nostalgia.