395px

El Hombre Arbolado

Augusto Jatobá

O Homem Arvoredo

Desceu a serra, na solidão.
E em plena terra, parou num trecho.
Curvou as pernas, beijou o seixo.
Depois ergueu-se, olhou pro céu.
Agradeceu a seu irmão.
Depois ergueu-se, olhou pro céu.
Agradeceu a seu irmão.

Tanta emoção, ao sol os convieu.
No fim da tarde do seu sertão.
Pra seu consolo calou o sereno.
E tão pequeno plantou-se ao solo.
Sentido dó seu próprio peito.
De tão desfeito de tanto amor.
Aos seus leais, grãos e sementes caroços germes.
Dos cereais.
E assim então, abriu-se o chão.
Tal como aos grãos, cobriu seus pés.

Como fosse um vegetal.
Nasceram raízes.
Todos lá no matagal.
Ficaram felizes.
Suas pernas tronco, como o tronco do carvalho
Fortes braços galhos, e as suas mãos folhagens.
Cada vez mais cego se entregava ao vento.
e com tanto afago como quem se adentro
Vendo seu trabalho, já não tinha medo
E em plena harmonia.
Com a mata fria.
Foi se transformando num grande arvoredo

E no coração da mata não
Carece invoca então seu nome
Pra nosso maior sossego irmão
Bate o coração do homem

E no coração da mata não
Carece invoca então seu nome
Pra nosso maior sossego irmão
Bate o coração do homem
Bate o coração do homem
Bate o coração do homem

El Hombre Arbolado

Bajó la sierra, en la soledad.
Y en plena tierra, se detuvo en un tramo.
Dobló las piernas, besó la piedra.
Luego se levantó, miró al cielo.
Agradeció a su hermano.
Luego se levantó, miró al cielo.
Agradeció a su hermano.

Tanta emoción, al sol los convocó.
Al final de la tarde de su sertón.
Para su consuelo calló el sereno.
Y tan pequeño se plantó en el suelo.
Sintiendo su propio pecho.
Tan deshecho de tanto amor.
A sus leales, granos y semillas, carozos, gérmenes.
De los cereales.
Y así entonces, se abrió el suelo.
Como a los granos, cubrió sus pies.

Como si fuera un vegetal.
Nacieron raíces.
Todos allá en el matorral.
Quedaron felices.
Sus piernas tronco, como el tronco del roble.
Fuertes brazos ramas, y sus manos follajes.
Cada vez más ciego se entregaba al viento.
Y con tanto cariño como quien se adentra.
Viendo su trabajo, ya no tenía miedo.
Y en plena armonía.
Con la selva fría.
Fue transformándose en un gran arbolado.

Y en el corazón de la selva no.
Hace falta invocar entonces su nombre.
Para nuestro mayor sosiego hermano.
Late el corazón del hombre.

Y en el corazón de la selva no.
Hace falta invocar entonces su nombre.
Para nuestro mayor sosiego hermano.
Late el corazón del hombre.
Late el corazón del hombre.
Late el corazón del hombre

Escrita por: Augusto Jatobá