Os Filhos de Kuandú
Eram dez, os filhos de Shiho
Imperavam sobre todos os céus
Levados pela grande carruagem celeste
Queimavam por tempos infinitos
Desafiaram Dijun (Dirun) em sua totalidade
Deixando cinzas, silêncio e vazio
Então portando dez flechas
Foi chamado o arqueiro equilibrista
Apenas o último não foi extinto
Pois a criança havia roubado a décima flecha
Seu nome era Apolo, crescido entre deuses e Titãs
Príncipe dos céus e da terra
E assim foi lhe entregue o fardo
Sobre suas mãos foi deixado o filho de Téia
Ele era o olho do mundo
Cruzando o firmamento todos os dias
Num carro flamejante puxado por quatro corcéis
Iluminando Gaia de leste a oeste
E na aurora, Kuandu se mostrava lá
Sobre a terra e sobre o mar
E sobre todas as coisas, jurou vingança a um Juruna
O devorador de seu amado pai
Numa emboscada sob uma palmeira Inajá, seu brilho cessou
Restando nada além da escuridão
Em meio às trevas, Os Jurunas clamam à viúva
Que em lágrimas, envia seus filhos aos céus!
A luz, pequena faísca na imensidão
O azul, o vermelho e o verde
Entrelaça o tempo e o espaço
Vinda da íntima, infinita cíclica dança celestial
Tocando campos e mares, lagos e vales
E a incontáveis formas entregando a vida
Enquanto no horizonte distante seu brilho se apagará
Los Hijos de Kuandú
Eran diez, los hijos de Shiho
Gobernaban sobre todos los cielos
Llevados por la gran carroza celestial
Quemaban por tiempos infinitos
Desafiaron a Dijun (Dirun) en su totalidad
Dejando cenizas, silencio y vacío
Entonces llevando diez flechas
Fue llamado el arquero equilibrista
Solo el último no fue extinguido
Pues el niño había robado la décima flecha
Su nombre era Apolo, crecido entre dioses y Titanes
Príncipe de los cielos y la tierra
Y así le fue entregado el peso
Sobre sus manos fue dejado el hijo de Téia
Él era el ojo del mundo
Cruzando el firmamento todos los días
En un carro flamígero tirado por cuatro corceles
Iluminando a Gaia de este a oeste
Y en la aurora, Kuandu se mostraba allí
Sobre la tierra y sobre el mar
Y sobre todas las cosas, juró venganza a un Juruna
El devorador de su amado padre
En una emboscada bajo una palmera Inajá, su brillo cesó
Quedando nada más que la oscuridad
En medio de las tinieblas, Los Jurunas claman a la viuda
Que en lágrimas, envía sus hijos a los cielos!
La luz, pequeña chispa en la inmensidad
El azul, el rojo y el verde
Entrelaza el tiempo y el espacio
Proveniente de la íntima, infinita y cíclica danza celestial
Tocando campos y mares, lagos y valles
Y a incontables formas entregando la vida
Mientras en el horizonte distante su brillo se apagará