395px

Carmina Necrologia

Bann

Carmina Necrologia

Der Toten zu gedenken,
Zu ehren sie in Ewigkeit,
Sie zu hegen und zu wahren,
Zu jammern für ihr Seelenheil.
Die Toten sich zu knechten,
Verdammnis durch sie fliehen,
Erlösung durch sie heischen,
Für die eig'ne Fleischlichkeit.

Den Toten keine Ruh'!
Schwer ruht das Buch der Toten
Auf goldberanktem Opferholz.
Beben und Wimmern sind die Boten
Der Verstummten Zorns und ihres Grolls
Die spröden Seiten speien Seelen,
In zäher Flucht entströmen sie,
Im Dazwischen ewig sich zu quälen,
Harren trostlos suchend ihrer Elegie.

Wogen sinnlich-herber Düfte
Von faulig' Fleisch und madigen Membranen
Steigen nieder in die Grüfte,
Lehren Leben Tod erahnen
Sie winden sich und hauchend schleichen
Sie umher in Kerkern und Verließen,
Zehren an Verwesung und an Leichen
Bis sie in Codices zurück als Tinte fließen.

Ein Sarg aus schwarzem Leder.
Verätzt, zerkratzt, verbrannt.
Die Seiten abgegriffen,
Schimmlig, blass, zersetzt.
Eine Seele, eine Zeile,
Wie im Kerker festgesetzt.

Es bleiben leere Namen,
Nichts als ein Federstreich.
Vergangenes gefangen,
Spross' um Spross' gen Himmelreich
So schmachten hier die Toten
Gebannt im schwarzen Staube ihres Purgatoriums,
Bestattet in vergilbtem Pergament
Keine Ruh' den Toten!
Den Toten keine Ruh'!
In Memoriam

Carmina Necrologia

Recordando a los muertos,
Honrándolos por la eternidad,
Cuidándolos y preservándolos,
Lamentando por la salvación de sus almas.
Sometiéndose a los muertos,
Huyendo de la condena a través de ellos,
Implorando redención a través de ellos,
Por la propia carnalidad.

¡Los muertos no tienen descanso!
Pesadamente descansa el libro de los muertos
Sobre madera de sacrificio enredada en oro.
Temblor y gemido son los mensajeros
De la ira silenciada y su rencor.
Las páginas ásperas escupen almas,
En una huida pegajosa fluyen,
Atormentándose eternamente en el intermedio,
Esperando desconsoladamente su elegía.

Olas de aromas sensualmente amargos
De carne podrida y membranas descompuestas
Descienden a las tumbas,
Enseñando a la vida a vislumbrar la muerte.
Se retuercen y susurran,
Rondan por cárceles y mazmorras,
Se alimentan de descomposición y cadáveres
Hasta fluir de regreso en códices como tinta.

Un ataúd de cuero negro.
Corroído, arañado, quemado.
Las páginas desgastadas,
Mohosas, pálidas, descompuestas.
Un alma, una línea,
Como atrapada en la cárcel.

Quedan nombres vacíos,
Nada más que un trazo de pluma.
El pasado capturado,
Brote tras brote hacia el reino celestial.
Así languidecen aquí los muertos,
Atados en el polvo negro de su purgatorio,
Enterrados en pergamino amarillento,
¡Los muertos no tienen descanso!
¡Los muertos no tienen descanso!
En memoria