La Metro Eccetera
La metro dei riflessi,
gli sguardi verso il vetro,
gli appositi sostegni verticali,
le mani che fatali li discendono,
e quelli orizzontali, in alto i polsi e gli orologi
viaggiano da soli.
La metro, i seduti di fronte
sono semplicemente gli avanzati
dal viaggio precedente
che andava dove vanno
tutti i presentimenti, eccetera.
In un soffio di porta, fa' l'ingresso
la bella incatenata a testa alta;
invece i viaggiatori
sono entrati
col capo chino, e l'umiltà dei frati.
Bella incatenata dai sui stessi ormeggi:
la cinghia della borsa,
e stringhe mosce,
e fasce di camoscio e stratagemmi
dei morbidi tormenti d'organzino.
Si fa la trigonometria,
nei finestrini corrispondenti agli occhi alessandrini,
di lei che guarda fissa
un suo sussulto fuso nel vetro,
che le ricorda tanto un suo sussulto.
La metro piomba nella galleria,
come un eccetera eccetera,
che continua tremante veranda di lettura,
da un attico mittente, tutta giù a fendente.
E più di tutti
i giornali e i giornaletti
ha successo una scritta:
In caso di necessità
rompere il vetro,
e tutti i trasgressori saranno
eccetera.
La metro si avvicina
alla stazione prossima e rallenta.
I posti a sedere,
ad occhio e croce:
diciamo trentasei;
le scale sono mobili,
ma le pareti no,
e fermi i corridoi;
la folla passa e sale.
La metro accelera,
eccetera, eccetera,
e puntini di sospensione.
La Metro Etcétera
La metro de los reflejos,
las miradas hacia el vidrio,
los soportes verticales adecuados,
las manos que fatalmente descienden,
y los horizontales, arriba las muñecas y los relojes
viajan solos.
La metro, los sentados enfrente
son simplemente los adelantados
del viaje anterior
que iba hacia donde van
todos los presentimientos, etcétera.
En un abrir y cerrar de puerta, entra
la bella encadenada con la cabeza en alto;
en cambio los viajeros
han entrado
con la cabeza gacha, y la humildad de los frailes.
Bella encadenada por sus propios amarres:
la correa de la bolsa,
y cordones sueltos,
y bandas de gamuza y artimañas
de suaves tormentos de organza.
Se hace la trigonometría,
en las ventanillas correspondientes a los ojos alejandrinos,
de ella que mira fijamente
un sobresalto fundido en el vidrio,
que le recuerda tanto un sobresalto suyo.
La metro se sumerge en la galería,
como un etcétera etcétera,
que continúa temblando veranda de lectura,
desde un ático emisor, todo hacia abajo a cortante.
Y más que todos
los periódicos y las revistitas
tiene éxito una inscripción:
En caso de necesidad
romper el vidrio,
y todos los transgresores serán
etcétera.
La metro se acerca
a la próxima estación y disminuye la velocidad.
Los asientos,
a ojo de buen cubero:
digamos treinta y seis;
las escaleras son móviles,
pero las paredes no,
y los pasillos están quietos;
la multitud pasa y sube.
La metro acelera,
etcétera, etcétera,
y puntitos suspensivos.