Eistrollzorn
Ein Tal, hoch Nord, so blaß - wie unberührt.
Leblos scheint die Sonne, doch das Leben hier wächst.
Wilde Wesen jagen, Naturgewalten kämpfen -
doch schleicht da feig' ein fremder Rhythmus über's Eis...
Schwarze Kutten krächzen gräßliche Gesänge,
so hässlich, dass sie die Wut des Winterriesen mächtig schüren.
Sie sind dabei, die Ordnung seines Tales zu zerstören.
Aber gibt es hier keinen Gott, der sie vor dem Norden schützt.
Der Wächter des Tales bebt und zittert, rast vor Zorn,
schüttelt, entfesselt sein schneeweißes Haar.
Der Wind brüllt schrill durch seinen Schluchtenmund.
Entsetzlicher Lärm, entsetzliche Kraft, löst die weiße Pracht...
Vom Sturm getrieben wird des Trolles eisiger Wall,
sein Schneehammer zieht krachend und tosend ins enge Tal.
Reisst alles Leben mit, die Pestkreuze bersten,
erstickt und zerdrückt der Mauern schwachen Geist.
Mit gefrorenem Blick und eisigem Toben
reitet der Eistroll die weißen Wogen.
Führt und lenkt den tosenden Schein,
talwärts gegen der Mauern festen Stein.
Zerschlägt den Glocken läutenden Wicht,
zermalmt wild lachend sein kleines Licht.
Und so befreit, mit donnerndem Beben,
der Troll sein Tal, mit des Winters Weben.
La ira del troll de hielo
Un valle, al norte alto, tan pálido - como virgen.
La luz del sol parece sin vida, pero la vida aquí crece.
Criaturas salvajes cazan, fuerzas de la naturaleza luchan -
pero se desliza cobardemente un ritmo extraño sobre el hielo...
Capuchas negras graznan cantos horribles,
tan feos que avivan poderosamente la ira del gigante invernal.
Están destruyendo el orden de su valle.
Pero ¿hay aquí algún dios que los proteja del norte?
El guardián del valle tiembla y se estremece, furioso,
agitando, desatando su cabello blanco como la nieve.
El viento aúlla agudamente a través de su boca de garganta.
Un ruido espantoso, una fuerza espantosa, desata la blancura...
Impulsado por la tormenta, el muro helado del troll,
su martillo de nieve se precipita y retumba en el estrecho valle.
Arrastra consigo toda vida, los cruces de peste estallan,
asfixia y aplasta el débil espíritu de los muros.
Con una mirada congelada y un furioso rugido
el troll de hielo cabalga las olas blancas.
Dirige y guía el estruendoso resplandor,
hacia abajo contra la sólida piedra de los muros.
Destroza al insignificante tintineo de campanas,
aplasta riendo salvajemente su pequeña luz.
Y así, liberado, con un temblor atronador,
el troll libera su valle, con el tejido del invierno.