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Soneto XVII (Desde la Primera Vez que me Asesinaron)

Cláudia Simone

Soneto XVII (Da Vez Primeira que me Assassinaram)

Da vez primeira que me assassinaram
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...

Da vez primeira que me assassinaram
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...

E hoje, dos meus cadáveres, eu sou
O mais desnudo, o que não tem mais nada...

Arde um toco de vela amarelada...
Como o único bem que me ficou!

Vinde, corvos, chacais, ladrões de estrada!
Ah! desta mão, avaramente adunca,
Ninguém há de arrancar-me a luz sagrada!

Aves da noite! Asas do horror! Voejai!
Que a luz, trêmula e triste como um ai,
A luz do morto não se apaga nunca!

Arde um toco de vela amarelada...
Como o único bem que me ficou!

Da vez primeira que me assassinaram
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...

Da vez primeira que me assassinaram
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...

E hoje, dos meus cadáveres, eu sou
O mais desnudo, o que não tem mais nada...

Arde um toco de vela amarelada... [Depois de cada vez que me mataram, voltaram]
Como o único bem que me ficou!

Soneto XVII (Desde la Primera Vez que me Asesinaron)

Desde la primera vez que me asesinaron
Perdí la forma de sonreír que tenía...
Después de cada vez que me mataron,
Fueron llevándose algo de mí...

Desde la primera vez que me asesinaron
Perdí la forma de sonreír que tenía...
Después de cada vez que me mataron,
Fueron llevándose algo de mí...

Y hoy, de mis cadáveres, soy
El más desnudo, el que ya no tiene nada...

Arde una mecha de vela amarillenta...
¡Como el único bien que me quedó!

¡Vengan, cuervos, chacales, ladrones de camino!
¡Ah! de esta mano, avariciosa y retorcida,
¡Nadie podrá arrebatarme la luz sagrada!

¡Aves de la noche! ¡Alas del horror! ¡Vuelen!
Que la luz, temblorosa y triste como un suspiro,
La luz del muerto nunca se apaga!

Arde una mecha de vela amarillenta...
¡Como el único bien que me quedó!

Desde la primera vez que me asesinaron
Perdí la forma de sonreír que tenía...
Después de cada vez que me mataron,
Fueron llevándose algo de mí...

Desde la primera vez que me asesinaron
Perdí la forma de sonreír que tenía...
Después de cada vez que me mataron,
Fueron llevándose algo de mí...

Y hoy, de mis cadáveres, soy
El más desnudo, el que ya no tiene nada...

Arde una mecha de vela amarillenta... [Después de cada vez que me mataron, regresaron]
¡Como el único bien que me quedó!

Escrita por: Mario Quintana, Fábio Christian