395px

El Ángel Azul

Claudio Lolli

Der Blaue Engel

La prima volta fu quando si mise a ridere davanti allo specchio
ruppe un bicchiere e si taglio coi pezzi certo non perchè fosse vecchio,
e la seconda volta fu quando lo ritrovarono sdraiato alla stazione
e non sapeva se partiva, se tornava e che cosa ci faceva in quella strana posizione,
contava i punti di una linea, disse, la linea dei binari,
per misurare la sua distanza dalla vita usava i numeri immaginari.
La terza volta fu quando vinse al poker una fitta al cuore che non lo amava
e fu convinto che era sua la colpa perchè lui a poker barava.
La quarta volta fu quand'era bello stare ad ascoltarlo per ore,
improvvisarsi una memoria sanguinante e divertente come un ultimo amore.
La quinta volta fu quando rimase fermo più di un giorno sul portone
e non sapeva se rientrava o se usciva e che cosa ci faceva in quella strana posizione,
tentavo i bordi della vita, disse, della vita e del suo alfabeto,
mentre la morte mi addescava con le calze nere, disse, io sudavo vetro.
La sesta volta scese in strada e fece un fuoco d'artificio con i suoi documenti,
volto le spalle a quei bagliori rossi al fumo e disse: "indifferenti".
E poi la settima fu quando si lascio scavare da una ferita,
perse i capelli, i denti e quelle unghie con cui aveva sempre graffiato la vita.
L'ottava volta si senti inseguito, disse, da un rumore di passi di donne,
si riconobbe in un passante e poi cercò le spie nascoste tra le colonne.
L'ultima volta lo trovarono seduto a lato della notte,
con un cappello a larghe tese, una cravatta e un muso pieno di botte,
e disse sono qui tranquillo amici, disse, sono qui tranquillo che aspetto il giorno,
però lo so ho perduto, si lo so ho perduto il mio biglietto di ritorno.

El Ángel Azul

La primera vez fue cuando se rió frente al espejo
rompió un vaso y se cortó con los pedazos, no porque estuviera viejo,
y la segunda vez fue cuando lo encontraron tirado en la estación
y no sabía si partía, si regresaba y qué hacía en esa extraña posición,
contaba los puntos de una línea, dijo, la línea de los rieles,
para medir su distancia de la vida usaba números imaginarios.
La tercera vez fue cuando ganó al póker un dolor en el corazón que no lo amaba
y estaba convencido de que era su culpa porque hacía trampa en el póker.
La cuarta vez fue cuando era agradable escucharlo durante horas,
improvisar una memoria sangrante y divertida como un último amor.
La quinta vez fue cuando se quedó parado más de un día en la puerta
de su casa y no sabía si entraba o salía y qué hacía en esa extraña posición,
exploraba los límites de la vida, dijo, de la vida y su alfabeto,
mientras la muerte me tentaba con medias negras, dijo, yo sudaba vidrio.
La sexta vez salió a la calle y hizo un espectáculo con sus documentos,
dándoles la espalda a esos destellos rojos y al humo y dijo: "indiferentes".
Y luego la séptima fue cuando se dejó perforar por una herida,
perdió el cabello, los dientes y las uñas con las que siempre arañaba la vida.
La octava vez se sintió perseguido, dijo, por el ruido de pasos de mujeres,
se reconoció en un transeúnte y luego buscó espías escondidos entre las columnas.
La última vez lo encontraron sentado al lado de la noche,
con un sombrero de ala ancha, una corbata y un rostro lleno de golpes,
y dijo estoy aquí tranquilo amigos, dijo, estoy aquí tranquilo esperando el día,
pero sé que he perdido, sí sé que he perdido mi boleto de regreso.

Escrita por: