Non Conosco Sorrisi
Non conosco sorrisi
neanche quelli di mia madre
che non mi ha sorriso mai
per paura del mio pianto
ed un fardello accanto
al percorso degli anni
e le risate dei cafoni
per la strada dei campi
Non conosco sorrisi
a parte quelli nei sogni
che lasciano in bocca
il sapore del rimpianto
ed un fardello accanto
al percorso degli anni
e le risate dei cafoni
per la strada dei campi.
Io primogenito triste
che dimestica l'inchiostro
e combina le parole
che diventano poesie
e cento malattie
intorno a questa terra
il seme e la fatica
e i frutti della guerra.
E che ritorni l'estate
con i frutti sui rami
e si vedano fanciulle
a passeggiare nei prati
e miei occhi sudati
levarsi dal leggio
e inseguire le vesti
di quella grazia di dio
E poi che torni quel sogno
in cui raggiungo i suoi occhi
e le bacio i capelli
col sole tra i rami
e mani tra le mani
accompagnare il tramonto
che dà l'arrivederci
a questa fetta di mondo.
Non conosce sorrisi
questa sorte matrigna
che non risparmia dolori
e il desiderio insipido
che i poveri di spirito
perdano la voce
e distillino un sorriso
per chiunque ha una croce.
Io primogenito poeta
di una casa tra i monti
di un temporale in arrivo
di una salute bucata
con un fratello spensierato
che mi lascia un pensiero
proprio mentre me ne vado
e lo raccomando al cielo.
No Conozco Sonrisas
No conozco sonrisas
ni siquiera las de mi madre
que nunca me sonrió
por miedo a mi llanto
y una carga al lado
en el transcurso de los años
y las risas de los groseros
en el camino de los campos
No conozco sonrisas
excepto las de los sueños
que dejan en la boca
el sabor del arrepentimiento
y una carga al lado
en el transcurso de los años
y las risas de los groseros
en el camino de los campos.
Yo, el primogénito triste
que doma la tinta
y combina las palabras
que se convierten en poesía
y cien enfermedades
alrededor de esta tierra
la semilla y el esfuerzo
y los frutos de la guerra.
Y que regrese el verano
con los frutos en las ramas
y se vean jóvenes
paseando por los prados
y mis ojos sudorosos
levantarse del atril
y seguir los vestidos
de esa gracia divina
Y luego que regrese ese sueño
en el que alcanzo sus ojos
y le beso el cabello
con el sol entre las ramas
y manos entre manos
acompañando la puesta de sol
que dice adiós
a esta porción de mundo.
No conoce sonrisas
esta suerte madrastra
que no perdona dolores
y el deseo insípido
de que los pobres de espíritu
pierdan la voz
y destilen una sonrisa
para cualquiera que tenga una cruz.
Yo, el primogénito poeta
de una casa entre las montañas
de una tormenta que se acerca
de una salud perforada
con un hermano despreocupado
que me deja un pensamiento
justo cuando me voy
y lo encomiendo al cielo.