395px

Tributo a Dom Libânio

Clóvis Mendes

Tributo a Dom Libânio

Era alta madrugado o carijó nem canto
E o Libanio índio taura, a tempo se levantou,
Sorveu uns goles de amargo, para o campo se tocou,
Teria uma lida dura, já que o tempo melhorou.

A vida desse gaudério nunca teve muito luxo,
Se criou campo a fora, pelas bandas de Garruchos,
Pitando e tomando canha, como todo bom gaúcho,
Na guaiaca poucos cobres, mas forada de cartucho.

Quase não teve descanso, mas pagava muita changa,
Fez muito touro, boi manso, capando botando a canga,
Puxando pelas orelhas, boleava o corpo pra traz,
Pois uma junta parelha, não se encontra assim no mais.

Índio de muitos talentos, disposição não faltava,
Seu lazer era com os tentos, pois corda nunca comprava,
Fazia de tudo um pouco, caprichado por sinal,
Laço, ajoujo maneador, rédea, sovéu e boçal.

Não faz idéia das léguas dos alambrados que ergueu,
Quantos potros, quantas éguas que nos arreios meteu,
Muito foram os rebanhos, que ele tosou a martelo,
E na sanga quantos banhos nas tardes frias de inverno.

Quase não teve descanso, mas pagava muita changa,
Fez muito touro, boi manso, capando botando a canga,
Puxando pelas orelhas, boleava o corpo pra traz,
Pois uma junta parelha, não se encontra assim no mais.

No semblante tinha a história, de um missioneiro buenacho,
Na mente tinha a memória, da vida de um índio macho,
Que nunca froxou garão, mas não foi prevalecido,
Dependendo da ocasião, num grito ta resolvido.

Depois já cabelo branco, foi fará pra gurizada,
Nunca mais foi para o campo, tapera virou a morada,
Mas resta ainda a lembrança, de um gaúcho de hombridade,
Que é o mais bonito recuerdo, que leva pra eternidade.

Tributo a Dom Libânio

Era alta madrugada y el canto del carijó
Y Dom Libânio, un indio valiente, se levantó a tiempo,
Tomó unos tragos amargos y se fue al campo,
Tendría un día duro, ahora que el tiempo mejoró.

La vida de este gaucho nunca fue lujosa,
Creció en el campo, por los lados de Garruchos,
Fumando y tomando caña, como todo buen gaúcho,
En el bolsillo pocos centavos, pero lleno de cartuchos.

Casi no tenía descanso, pero pagaba su trabajo,
Domó muchos toros, vacas dóciles, castrando y poniendo yugo,
Tirando de las orejas, volteando el cuerpo hacia atrás,
Pues un par de bueyes iguales, no se encuentra así fácilmente.

Indio de muchos talentos, no le faltaba disposición,
Su pasatiempo era con los naipes, pues nunca compraba cuerda,
Hacía de todo un poco, con gran esmero,
Lazo, yugo, maneador, riendas, rebenque y bozal.

No tiene idea de las leguas de alambrados que levantó,
Cuántos potros, cuántas yeguas puso en los arreos,
Muchos fueron los rebaños que esquiló a martillo,
Y en la zanja cuántos baños en las frías tardes de invierno.

Casi no tenía descanso, pero pagaba su trabajo,
Domó muchos toros, vacas dóciles, castrando y poniendo yugo,
Tirando de las orejas, volteando el cuerpo hacia atrás,
Pues un par de bueyes iguales, no se encuentra así fácilmente.

En su semblante llevaba la historia de un misionero valiente,
En su mente guardaba la memoria de la vida de un indio macho,
Que nunca se rindió, pero no fue vencido fácilmente,
Dependiendo de la ocasión, con un grito se resolvía.

Después, con el cabello blanco, se retiró para los jóvenes,
Nunca más volvió al campo, la tapera se convirtió en su morada,
Pero aún queda el recuerdo de un gaucho de hombría,
Que es el más hermoso recuerdo que lleva a la eternidad.

Escrita por: Clovis Mendes / João Manuel Sasso