O curso das sete armas
As vezes saio do corpo
quando floreio um dança.
Pois sou índio de confiança,
nos braços de alguma china.
Lhe brilha o sol nas retinas,
e o fogo corre nas veias.
O coração incendeia
e a solidão se termina.
Nascendo assim meio bruxo,
em noite de céu fechado.
Me fiz mestre nos carteados
nos bolichos de fronteira.
Ganhando pela primeira,
me segurei nas esporas.
E espalhei Rio Grande afóra
a minha fama de calaveira.
Se a prosa é tiro de laço,
me achego todo garboso.
Tenho parte com tinhoso,
nesta lida campesina.
É coisa que o mundo ensina,
por pura necessidade,
de pealar as inverdades
desta minha terra sulina.
(O taura mostra experiência
na hora do ferro branco.
Não sou anjo, nem sou franco,
quando me cruzo no laço.
Desvio cada puaço
que o desafeto me joga.
Depois dou um até logo,
e mando o bandido pro espaço.)
Se a coisa vais pros cartuchos,
eu me sinto meio em casa.
Pois quem sabe se extravaza
no meio das munição.
Se querem me dar lição,
me busquem de bando inteiro.
Que eu sou louco e revolveiro
de atirar com as duas mãos.
E mesmo de mão vazia,
sou seguro e garantido.
Não que eu me julgue metido,
mas sou cheio de moral.
Meu braço é arma fatal
que cala os desaforados.
E nos fundos deste estado
não tem índio mais bagual.
Mas nada disso interessa,
se a gente vive sozinho.
E vai finando aos pouquinhos,
sem ter amor e amizade.
Essa é a maior qualidade,
que amansa o pior baldoso,
pois nada é mais poderoso
que os amigos de verdade.
El curso de las siete armas
A veces salgo de mi cuerpo
cuando floreo una danza.
Pues soy indio de confianza,
en los brazos de alguna mujer.
Le brilla el sol en las retinas,
y el fuego corre por las venas.
El corazón se incendia
y la soledad termina.
Naciendo así medio brujo,
en una noche de cielo cerrado.
Me convertí en maestro en los juegos de cartas
en los bares de frontera.
Ganando por primera vez,
me agarré de las espuelas.
Y esparcí por todo Río Grande
mi fama de calavera.
Si la charla es un tiro de lazo,
me acerco todo orgulloso.
Tengo trato con el diablo,
en esta vida campesina.
Es algo que el mundo enseña,
por pura necesidad,
de desmentir las mentiras
de esta tierra sureña.
(El gaucho muestra experiencia
en la hora del hierro blanco.
No soy un ángel, ni soy franco,
cuando me enredo en el lazo.
Esquivo cada insulto
que el enemigo me lanza.
Luego digo un hasta luego,
y mando al bandido al espacio.)
Si la cosa se pone peligrosa,
me siento como en casa.
Pues quién sabe si se desborda
en medio de la munición.
Si quieren darme lección,
que vengan en grupo.
Porque soy loco y pistolero,
que dispara con las dos manos.
Y aún con las manos vacías,
soy seguro y confiable.
No es que me crea superior,
pero tengo mucha moral.
Mi brazo es un arma fatal
que silencia a los insolentes.
Y en los rincones de este estado
no hay indio más valiente.
Pero nada de eso importa,
si uno vive solo.
Y se va apagando poco a poco,
sin tener amor y amistad.
Esa es la mayor cualidad,
que doma al peor bravucón,
pues nada es más poderoso
que los amigos de verdad.