Marim Ja
Vrteli se tockovi mog bicikla.
Gde god je stao taj rulet bese premija.
Smakla se o stepenik njena stikla.
Nekad su pogledi bili cista hemija.
Dobro je pocela nedelja,
poslednje pripreme za maturu.
Virili smo u daljine
puni nade.
Preko gimnazijskog bedema,
k'o pravi dekor za avanturu
prosuo je nezni purpur
divlji badem.
Poneli nas vetrovi k'o maslacke.
Jedni su leteli lako, drugi padali.
I curice su postale prve macke
a losi djaci odjednom svetom vladali.
Sve mi je odlicno zvucalo.
Dobro sam stajao tih sezona.
Ljuljale mo oci sirom
promenade.
A nju sam sretao slucajno,
uvek je s pogresnim bila ona,
ali znao sam da sanja
onaj badem.
Stane sve u strofu-dve u baladi:
pustinja proslih minuta i ova zrna sad.
I pred treci refren vec nismo mladi.
Usla je nedavno sama u kafe "Petrograd".
Suvise tajni u ocima,
u zlatni okov joj prstic pao.
Molio me dugi pogled
da je kradem.
Dovraga, kafa je gorcila,
al' taj sam ukus odnekud znao:
probao sam jednom davno
divlji badem.
Marim Ja
Los aros de mi bicicleta giraban.
Dondequiera que se detuviera, esa ruleta era un premio.
Su tacón chocó contra el escalón.
Antes, las miradas eran pura química.
La semana comenzó bien,
últimos preparativos para el baile de graduación.
Mirábamos hacia el horizonte
llenos de esperanza.
Sobre el muro del gimnasio,
como un escenario para la aventura,
derramó su suave púrpura
el almendro salvaje.
Los vientos nos llevaron como dientes de león.
Unos volaban fácilmente, otros caían.
Las niñas se convirtieron en gatas,
y los malos estudiantes de repente dominaban el mundo.
Todo sonaba genial.
Me destacaba en esas temporadas.
Mis ojos se mecían ampliamente
en el paseo.
La encontraba por casualidad,
siempre estaba con la persona equivocada,
pero sabía que soñaba
con aquel almendro.
Todo encaja en un par de estrofas en la balada:
el desierto de minutos pasados y estos granos ahora.
Y antes del tercer estribillo, ya no éramos jóvenes.
Entró recientemente sola en el café 'Petrogrado'.
Demasiados secretos en sus ojos,
un anillo de oro cayó de su dedo.
Su mirada larga me suplicaba
que la robara.
Maldita sea, el café era amargo,
pero ese sabor lo conocía de algún lado:
una vez probé hace mucho tiempo
el almendro salvaje.