395px

Órdenes

Douglas Din

Ordens

Amoravila
Amo, alvenaria, telha de zinco.
Chamo de união, um quarto pra cinco.
Desde o tempo do trinco, o cobre pra vender.
E truque pra latinha pesar mais e render, vender.

Não é meu forte, mas posso forçar a barra.
Impossível não existe na terra gambiarra.
Eu vim de lá, núcleo do improviso.
Doce lar dos meninos sem juízo.

Lembro, arame farpado pra varal.
E cerca, farpado pra não se pular, ao.
Todo. Somos menos que cinqüenta mil manos.
E cinqüenta mil minas, e lá se vão os anos.

Olha a disciplina. Lá alteza é Deus.
E o menino do morro, ainda é plebeu.
Mas amo esse lugar, a rua ritmo me viu.
Abraçar meu talento igual rabiola no fio.

Amor, adoro esse lugar.
Ei, ei, respeito pra chegar.
Nego, lá é uma maravilha.
Nega, maravilha ser de lá.

É uma selva, vivemos pela raça.
Fauna é sempre fauna e a flora vira fumaça.
Menina que é uma graça, vinha e nego pilha.
Nem era pai da moça, mas “nossa, minha filha.”

Distinga uma onça de um leopardo.
Pra qual se usa bala e pra qual usa dardo.
Pois uma dessas pode ser a Dalila.
Que não pegou Martinho, mas vários ali na vila.

Ah, eu amo esse café.
Desde o tempo da havaiana menor que meu pé.
Era samba, não beat, sem play, era só fliper.
É nois na fita city, só Kodak não flickr.

Como mudou, muito diferente.
Fogueira no campinho me deixou com o sangue quente.
Condomínio fechado, residencial.
A primeira maravilha do mundo é esse local

Bronx, das paredes sem reboco.
Casa de quem faz seu próprio troco.
Covil, perguntam, c viu? Você não ouviu?
Claro que não! Ta louco.

Moço, não me interrogue pelo amor.
Nada contra polícia, mas nada a favor.
Pro bem de todos, guarde sua arma e sua voz alta.
E os tapas na cara também não vão fazer falta.

Fomos a luta e a lenha marcando o couro.
Nenhum barraco lá tem estante pra desaforo.
Hum, hum, com licença, excelência.
Será que nos permite desfrutar da sua ausência.

Isso pra quem não vem somar.
Pois com humildade se constrói...
O que? Esquece.
Só quem é de lá sabe o que acontece.

Órdenes

Amoravila
Amo, construcción, techo de zinc.
Llamo a la unión, una habitación para cinco.
Desde los tiempos del cerrojo, el cobre para vender.
Y trucos para que la lata pese más y rinda, vender.

No es lo mío, pero puedo forzar la situación.
Lo imposible no existe en la tierra de la chapuza.
Vengo de allá, núcleo de la improvisación.
Dulce hogar de los chicos sin juicio.

Recuerdo, alambre de púas para el tendedero.
Y cerca, alambre de púas para no saltar, oh.
Todos. Somos menos de cincuenta mil manos.
Y cincuenta mil chicas, y allá van los años.

Mira la disciplina. Allá la alteza es Dios.
Y el chico del morro, aún es plebeyo.
Pero amo este lugar, la calle vio mi ritmo.
Abrazar mi talento como cometa en el hilo.

Amor, adoro este lugar.
Eh, eh, respeto para llegar.
Negro, allá es una maravilla.
Negra, maravilla ser de allá.

Es una selva, vivimos por la raza.
La fauna siempre es fauna y la flora se convierte en humo.
La chica que es una gracia, venía y el chico se emociona.
Ni siquiera era el padre de la chica, pero 'nuestra, mi hija'.

Distingue a un jaguar de un leopardo.
Para cuál usar balas y para cuál usar dardos.
Porque una de ellas podría ser Dalila.
Que no agarró a Martinho, pero a varios allí en la vila.

Ah, amo este café.
Desde los tiempos de las havaianas más pequeñas que mi pie.
Era samba, no beat, sin play, solo fliper.
Somos de la ciudad de la cinta, solo Kodak no flickr.

Cómo ha cambiado, muy diferente.
La fogata en el campito me dejó con la sangre caliente.
Condominio cerrado, residencial.
La primera maravilla del mundo es este lugar.

Bronx, de las paredes sin enlucir.
Casa de quien hace su propio dinero.
Escondite, preguntan, ¿viste? No escuchaste?
¡Claro que no! Estás loco.

Joven, no me interrogues por amor.
Nada en contra de la policía, pero nada a favor.
Por el bien de todos, guarda tu arma y tu voz alta.
Y las bofetadas en la cara tampoco harán falta.

Fuimos a la lucha y la leña marcando la piel.
Ninguna pelea allí tiene estante para desacuerdos.
Hmm, hmm, con permiso, excelencia.
¿Nos permitiría disfrutar de su ausencia?

Esto es para aquellos que no vienen a sumar.
Porque con humildad se construye...
¿Qué? Olvídalo.
Solo quienes son de allí saben lo que sucede.

Escrita por: Well, Leozin, Douglas Din