La Confessione
Lei era così bella come non ne vidi mai
e quel mattino in chiesa troppo a lungo la guardai.
E fu il desiderio, il sangue e l'età
e chiesi a suo padre di darle la libertà.
Con gli occhi fissi in terra nel silenzio lo ascoltò,
per un istante solo sorridendo mi guardò.
E il primo di maggio la notte finì
con il velo sul bordo del letto ma non dormì.
Giallo era il grano, la mano era forte
nel vento e negli occhi, gli occhi di lei.
Caldo era il sole, fresco il lenzuolo la sera.
Ma quell'età
non tornerà.
Ci furono due figli sicuri in volto come lei,
stranieri non voluti quanto adesso li vorrei.
Novene e digiuni, preghiere e quaresime
troppo lontane dal fumo dell'osteria.
Nero l'ulivo, la mano tremava
e scendeva da sola sul volto di lei.
Fredda era l'aria ma caldo era il vino
la sera che se ne andò.
E non tornò.
Un calcio nella porta,
non ricordo che parlai.
Le facce contro al muro
dei suoi figli non guardai.
E fu il mio fucile a sparare per me
più veloce di tutto l'amore che prese in sè.
Rosso il vestito e la mano cercava
di prendere vita e non renderlà più.
Fredde le lacrime sulle mie dita
la notte che se ne andò.
E non tornò.
Ho scritto sopra al legno
i loro nomi accanto al mio
e quando la disegno
me la immagino con Dio.
Sorride, mi osserva e domanda di me.
Lei mi aspetta in silenzio
e sa che io so dov'è.
Bianco è il colore di questa uniforme;
nessuno si trova a passare da qui.
Bianco è il futuro ma verdi i ricordi
nel cielo di quell'età.
Giallo era il grano, la mano era forte
nel vento e negli occhi, gli occhi di lei.
Caldo era il sole, fresco il lenzuolo la sera.
Ma quell'età
non tornerà
La Confesión
Ella era tan hermosa como nunca vi
y esa mañana en la iglesia la miré demasiado tiempo.
Y fue el deseo, la sangre y la edad
y le pedí a su padre que le diera libertad.
Con los ojos fijos en el suelo, en silencio lo escuchó,
por un instante solo me sonrió.
Y el primero de mayo la noche terminó
con el velo en el borde de la cama pero no durmió.
Amarillo era el trigo, la mano era fuerte
en el viento y en los ojos, sus ojos.
Caliente era el sol, fresca la sábana por la noche.
Pero esa edad
no volverá.
Hubo dos hijos con la seguridad en el rostro como ella,
extranjeros no deseados como ahora los querría.
Novenas y ayunos, rezos y cuaresmas
demasiado lejos del humo de la taberna.
Negro el olivo, la mano temblaba
y descendía sola sobre el rostro de ella.
Fría era el aire pero caliente era el vino
la noche que se fue.
Y no regresó.
Un golpe en la puerta,
no recuerdo qué dije.
Las caras contra la pared
de sus hijos no miré.
Y fue mi rifle el que disparó por mí
más rápido que todo el amor que tomó en sí.
Rojo el vestido y la mano buscaba
tomar vida y no devolverla más.
Frías las lágrimas en mis dedos
la noche que se fue.
Y no regresó.
He escrito sobre la madera
sus nombres junto al mío
y cuando la dibujo
la imagino con Dios.
Sonríe, me observa y pregunta por mí.
Ella me espera en silencio
y sabe que sé dónde está.
Blanco es el color de este uniforme;
nadie pasa por aquí.
Blanco es el futuro pero verdes los recuerdos
en el cielo de esa edad.
Amarillo era el trigo, la mano era fuerte
en el viento y en los ojos, sus ojos.
Caliente era el sol, fresca la sábana por la noche.
Pero esa edad
no volverá
Escrita por: Enrico Ruggeri