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Encuentro

Enrico Ruggeri

Incontro

E correndo mi incontrò lungo le scale,
quasi nulla mi sembrò cambiato in lei.
La tristezza poi, ci avvolse come miele,
per il tempo scivolato su noi due.

Il sole che calava già, rosseggiava la città,
già nostra e ora straniera e incredibile e fredda.
Come un istante dèjà-vu, ombra della gioventù,
ci circondava la nebbia.
Auto ferme ci guardavano in silenzio,
vecchi muri proponevano nuovi eroi.
Dieci anni da narrare l'uno all'altro,
ma le frasi rimanevano dentro in noi.

Cosa fai ora? Ti ricordi?
Eran belli i nostri tempi.
Ti ho scritto e un anno mi han detto
che eri ancora via.
E poi la cena a casa sua,
la mia nuova cortesia,
stoviglie color nostalgia.

E le frasi, quasi fossimo due vecchi,
rincorrevano solo il tempo dietro a noi.
Per la prima volta vidi quegli specchi,
capii i quadri, i sopramobili ed i suoi.
I nostri miti morti ormai,
la scoperta di Hemingway,
il sentirsi nuovi, le cose sognate ora viste.

La mia America e la sua diventate nella via
la nostra città così triste.
Carte e vento volan via nella stazione,
freddo e luci accese, forse per noi, lì.
Ed in fine, in breve, la sua situazione,
uguale, quasi, a tanti nostri films.

Come in un libro scritto male,
lui si era ucciso per Natale,
ma il triste racconto sembrava assorbito dal buio.

Povera amica che narravi,
dieci anni in poche frasi
e io i miei in un solo saluto.
E pensavo, dondolato dal vagone,
'cara amica, il tempo prende e il tempo dà.'
Noi corriamo sempre in una direzione,
ma quale sia e che senso abbia, chi lo sa?

E restano i sogni senza tempo,
le impressioni di un momento,
le luci nel buio,
le case intraviste da un treno.

Siamo qualcosa che non resta,
frasi vuote nella testa
e il cuore, di simboli pieno

Encuentro

Y corriendo me encontró en las escaleras,
casi nada me pareció cambiado en ella.
La tristeza luego nos envolvió como miel,
por el tiempo pasado entre nosotros dos.

El sol que ya se ocultaba, enrojecía la ciudad,
ya nuestra y ahora extraña e increíble y fría.
Como un instante de déjà-vu, sombra de la juventud,
nos rodeaba la niebla.
Autos detenidos nos miraban en silencio,
viejas paredes proponían nuevos héroes.
Diez años para contarnos el uno al otro,
pero las frases se quedaban dentro de nosotros.

¿Qué haces ahora? ¿Recuerdas?
Eran bellos nuestros tiempos.
Te escribí y un año me dijeron
que aún estabas lejos.
Y luego la cena en su casa,
mi nueva cortesía,
vajilla de nostalgia.

Y las frases, casi como dos viejos,
perseguiendo solo el tiempo detrás de nosotros.
Por primera vez vi esos espejos,
entendí los cuadros, los muebles y los suyos.
Nuestros mitos muertos ya,
el descubrimiento de Hemingway,
el sentirnos nuevos, las cosas soñadas ahora vistas.

Mi América y la suya se convirtieron en la calle
nuestra ciudad tan triste.
Cartas y viento vuelan en la estación,
frío y luces encendidas, tal vez para nosotros allí.
Y al final, en resumen, su situación,
igual, casi, a tantas de nuestras películas.

Como en un libro mal escrito,
él se había suicidado en Navidad,
pero el triste relato parecía absorbido por la oscuridad.

Pobre amiga que narrabas,
diez años en pocas frases
y yo los míos en un solo saludo.
Y pensaba, mecido por el vagón,
'querida amiga, el tiempo quita y el tiempo da.'
Corremos siempre en una dirección,
pero cuál sea y qué sentido tenga, ¿quién lo sabe?

Y quedan los sueños atemporales,
las impresiones de un momento,
las luces en la oscuridad,
las casas vislumbradas desde un tren.

Somos algo que no permanece,
frases vacías en la cabeza
y el corazón, lleno de símbolos

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