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Sombra y Luz

Enrico Ruggeri

Ombra E Luce

Ancora una volta solo,
senza più voglia di parlare.
Potrei prendere il volo
se solo sapessi dove andare.
Ma sono ancora in terra
dove mi hai lasciato tu:
la guerra è persa e non mi muovo.

Sensi di colpa ancora
per tutto quel male che torna indietro;
è vivere che addolora ,
ma non si può vivere sotto vetro.
E intanto passa il tempo
che fermare tu non puoi,
tra le miserie della vita in noi.

Brucia lento il fuoco dentro me
e diffonde quel calore
proveniente dall'interno.
E' il più forte battito che c'è
l'energia del sole,
verso il lungo inverno che verrà.

E intanto la vita vola
e ne sentiamo tutti gli affanni.
Quello che ci consola
lungo il disagio di questi anni
è il nostro guardare il cielo
che abbracciare tu non puoi,
ma in certi momenti il cielo siamo noi,
che ci illuminiamo
quando ci sfiorano le dita;
noi che ricominciamo
quando sembrava finita.

Mentre la notte scivola
e accarezza la citta,
sale una luce e ci accompagnerà
lungo nuove strade
e questo bisogno di capire.
Quando qualcno cade
tu non laciarlo morire;
tieniti stretto al tempo
perché corre più di te,
mentre la vita ancora esplode.

Sale in alto il fuoco dentro noi
e colora quelle notti
quando il sole si nasconde.
L'ultimo miracolo che vuoi
è il rumore delle onde
che ti portano con sé.

Brucia lento il fuoco dentro me
e diffonde quel calore
proveniente dall'interno.
E' il più forte battito che c'è
l'energia del sole,
verso il lungo inverno che verrà

Sombra y Luz

Una vez más solo,
sin ganas de hablar más.
Podría tomar vuelo
si supiera a dónde ir.
Pero sigo en tierra
donde me dejaste:
la guerra está perdida y no me muevo.

Culpas todavía
por todo el mal que regresa;
es vivir lo que duele,
pero no se puede vivir bajo cristal.
Y mientras el tiempo pasa
que no puedes detener,
entre las miserias de la vida en nosotros.

Arde lento el fuego dentro de mí
y difunde ese calor
proveniente desde adentro.
Es el latido más fuerte que hay
la energía del sol,
hacia el largo invierno que vendrá.

Y mientras la vida vuela
y todos sentimos las penas.
Lo que nos consuela
a lo largo del malestar de estos años
es mirar al cielo
que no puedes abrazar,
pero en ciertos momentos el cielo somos nosotros,
que nos iluminamos
cuando nos rozan los dedos;
nosotros que empezamos de nuevo
cuando parecía terminado.

Mientras la noche se desliza
y acaricia la ciudad,
sube una luz y nos acompañará
por nuevas calles
y esta necesidad de entender.
Cuando alguien cae
no lo dejes morir;
aférrate al tiempo
porque corre más que tú,
mientras la vida aún explota.

Sube alto el fuego dentro de nosotros
y colorea esas noches
cuando el sol se esconde.
El último milagro que deseas
es el sonido de las olas
que te llevan consigo.

Arde lento el fuego dentro de mí
y difunde ese calor
proveniente desde adentro.
Es el latido más fuerte que hay
la energía del sol,
hacia el largo invierno que vendrá

Escrita por: Enrico Ruggeri