Vigiar e Punir
Com o nome de crimes e delitos
Julgam-se paixões, dobram-se os instintos
Mascarando a realidade do desejo que é punido
Em prisões que ferem almas em castigo
Amputado, esquartejado, marcado no rosto
Em pedaços jaz o corpo desaparecido
Pervertido, inadequado, estorvo morto
Espetáculo macabro do culpado vivo
Engrenagens na máquina de morte
Nova ética, higiênica e discreta
Insuperável sensação de grotesca arte
A redenção do corpo que é promessa
A crueldade exige paciência
Consolando toda a dor
Uma fornalha onde acende e queima a violência
A punição quando certeira exige horror
Vigiar e punir lenta agonia
Adestrar, proibir longe das retinas
Vigiar e punir violenta rima
Alienar, coibir ilusão perdida
A cada passo do caminho, ideologia
O próprio ar que se respira, asfixia
Este corpo violado que transpira
O chumbo derretido das feridas
Vigiar e punir lenta agonia
Adestrar, proibir longe das retinas
Vigiar e punir violenta rima
Alienar, coibir ilusão perdida
Vigilar y Castigar
Con el nombre de crímenes y delitos
Se juzgan pasiones, se doblegan los instintos
Disfrazando la realidad del deseo que es castigado
En cárceles que hieren almas como castigo
Amputado, descuartizado, marcado en el rostro
En pedazos yace el cuerpo desaparecido
Perverso, inadecuado, estorbo muerto
Espectáculo macabro del culpable vivo
Engranajes en la máquina de la muerte
Nueva ética, higiénica y discreta
Insaciable sensación de grotesca arte
La redención del cuerpo que es promesa
La crueldad exige paciencia
Consolando todo el dolor
Una fragua donde enciende y quema la violencia
La punición cuando certera exige horror
Vigilar y castigar lenta agonía
Adiestrar, prohibir lejos de las retinas
Vigilar y castigar violenta rima
Alienar, cohibir ilusión perdida
En cada paso del camino, ideología
El propio aire que se respira, asfixia
Este cuerpo violado que transpira
El plomo derretido de las heridas
Vigilar y castigar lenta agonía
Adiestrar, prohibir lejos de las retinas
Vigilar y castigar violenta rima
Alienar, cohibir ilusión perdida
Escrita por: Marcelo Cougo