Dia Comum
Um helicóptero preto a poucos metros do chão
Um barulho ensurdecedor de sirene carro
Derrapando, armas sendo engatilhada
Vidro estilhaçado, repórter, sangue
Violência, ódio, dor, perda, sensação de impotência
Frações de segundos
O céu ou o inferno
A solidão da cela, ou o carro zero, a casa própria
A vitória tentada de forma violenta
O sucesso dependente de um fracasso
De um caixão, de um malote na mão
De uma fuga rápida, de um dia de sorte
Um Deus dividido por duas orações
Uma vítima ajoelhada implora pela vida
O ladrão nervoso, trêmulo, não quer a algema da polícia
A fome e a miséria mostram o fruto
Que a sociedade vai colher
Sanguinário, raivoso, armado
O moleque do pipa é transformado no homicida
Que como animal faminto busca o cofre
Como se fosse à presa morta ensanguentada
O carro preto e branco chega
O homem bom, o homem da lei
Que só atira na cabeça de pobre
Só da tapa na cara, só derruba porta de barraco
O filho da dona Maria qualquer da periferia
Agora engrossa o número da estatística das tentativas frustradas
Fracassadas de vitória na vida do crime
O filho da imigrante lavadeira sangra perto da porta giratória
Ninguém chora, risadas, alívio
A cena de terror tem contorno de heroísmo e novela de final feliz
O policial contente sopra o cano do seu revólver
Mas no fundo, no fundo preocupado
Pois sabe que amanhã ou depois
O moleque esquecido no fundão da periferia
Vai cansar de pedir esmola, de não ver comida na panela
De ver sua mãe só de camiseta furada
Chinelo, chorando com seus irmãos famintos no colo
Vai arrumar um revólver
Tentar resolver seus problemas
Através do sangue da cabeça
De um gerente de banco
E vai ser mais um favelado
No caixão preto doado, sem flores e sem velório
Infelizmente, a marcha fúnebre prossegue
Día Común
Un helicóptero negro a pocos metros del suelo
Un ruido ensordecedor de sirena de carro
Derrapando, armas siendo engatilladas
Vidrio destrozado, reportero, sangre
Violencia, odio, dolor, pérdida, sensación de impotencia
Fracciones de segundos
El cielo o el infierno
La soledad de la celda, o el auto nuevo, la casa propia
La victoria intentada de forma violenta
El éxito dependiente de un fracaso
De un ataúd, de un maletín en la mano
De una fuga rápida, de un día de suerte
Un Dios dividido por dos oraciones
Una víctima arrodillada implora por la vida
El ladrón nervioso, tembloroso, no quiere las esposas de la policía
El hambre y la miseria muestran el fruto
Que la sociedad va a cosechar
Sanguinario, furioso, armado
El chico de la cometa se convierte en homicida
Que como animal hambriento busca la caja fuerte
Como si fuera la presa muerta ensangrentada
Llega el auto negro y blanco
El hombre bueno, el hombre de la ley
Que solo dispara en la cabeza de los pobres
Solo da bofetadas, solo derriba puertas de ranchos
El hijo de doña María cualquiera de la periferia
Ahora engrosa el número de las tentativas frustradas
Fracasadas de victoria en la vida del crimen
El hijo de la inmigrante lavandera sangra cerca de la puerta giratoria
Nadie llora, risas, alivio
La escena de terror tiene contornos de heroísmo y novela de final feliz
El policía contento sopla el cañón de su revólver
Pero en el fondo, en el fondo preocupado
Pues sabe que mañana o pasado
El chico olvidado en el fondo de la periferia
Se cansará de pedir limosna, de no ver comida en la olla
De ver a su madre solo con una camiseta rota
Chancletas, llorando con sus hermanos hambrientos en brazos
Va a conseguir un revólver
Intentar resolver sus problemas
A través de la sangre de la cabeza
De un gerente de banco
Y será otro favelado
En el ataúd negro donado, sin flores y sin velorio
Lamentablemente, la marcha fúnebre continúa