L'omino Di Latta
C'era una mela col bruco, la cornacchia col lupo ed un uomo colle mani grandi che faceva i balocchi, ne riempiva tre sacchi.
Cocci a cui dava la vita con le agili dita (chissà quante volte avrai gettato certamente, in passato) si muovevano soli.
Forse un carro curvo dalla strada un po' sconnessa lento arriverà, l'uomo colla barba lunga e la bisaccia piena d'oro gli dirà: - Ti regalo uno zecchino, voglio quello strano omino -.
- Eccolo che arriva, già mi tremano le gambe, viene proprio qua-, disse quell'omino figlio della latta e della stoppa, che lo sa.
- Fa vedere da vicino! No quello… l'omino!-
Scappa sopra il pentolino, sul sacco di lino, nel tino.
- Eccoti qua piccolino… Dai vecchio! Prendi uno zecchino… facciamo due, oggi è stata una buona giornata per me. -
Il carro dei mostri che gira le strade ti porta lontano, mostrarti vorrà!
Il carro dei mostri, che gira le strade, che gira e che gira e che gira…
Erano rinchiusi dentro il carro, fra le sbarre (e lui era la) l'uomo cane, l'orso triste, l'aspica e cos'altro solo Dio lo sa.
- Vieni un poco più vicino, prenditi quel lanternino.-
- State lì da molto? -
- Siamo qui rinchiusi solo da un eternità -
- Certo che vi credo, ma non vedo lo motivo della crudeltà -
- Sempre mostri siamo stati e perciò veniam mostrati-.
Colle mani sue di latta dita nei lucchetti, gli scatti - Che succede qui dentro?! -.
Scappano sui tetti, negli anfratti, di scatto.
- Anche il gatto… -
E l'omino di latta.
El hombrecito de hojalata
Había una manzana con gusano, el cuervo con el lobo y un hombre con manos grandes que hacía juguetes, llenaba tres sacos.
Cascarones a los que les daba vida con los ágiles dedos (quién sabe cuántas veces habrás arrojado seguramente, en el pasado) se movían solos.
Quizás un carro curvo por el camino un poco desigual llegará lentamente, el hombre con barba larga y la bolsa llena de oro le dirá: - Te regalo un zecchino, quiero ese extraño hombrecito -.
- Ahí viene, ya me tiemblan las piernas, viene justo aquí-, dijo ese hombrecito hijo del estaño y la estopa, que lo sabe.
- ¡Muestra de cerca! No eso... ¡el hombrecito! -
Huye sobre la olla, sobre el saco de lino, en el tino.
- Aquí estás pequeñito... ¡Viejo! Toma un zecchino... hagamos dos, hoy ha sido un buen día para mí. -
El carro de los monstruos que recorre las calles te lleva lejos, ¡querrá mostrarte!
El carro de los monstruos, que recorre las calles, que gira y gira y gira...
Estaban encerrados dentro del carro, entre las barras (y él estaba allí) el hombre perro, el oso triste, la víbora y qué más solo Dios lo sabe.
- Acércate un poco más, toma esa linternita. -
- ¿Han estado mucho tiempo aquí? -
- Estamos encerrados aquí desde una eternidad -
- Claro que les creo, pero no veo la razón de la crueldad -
- Siempre hemos sido monstruos y por eso venimos a ser mostrados -.
Con sus manos de lata dedos en los candados, los clics - ¿Qué sucede aquí adentro?! -.
Escapan por los techos, en los rincones, de repente.
- También el gato... -
Y el hombrecito de hojalata.