Pra Se Falar de Fronteira
Pra se falar de fronteira, tem que falar de alambrado,
De encilha de mal-costeado e chapéu quebrado na testa.
Falar de dia de festa, que tenha gente dançando,
E ver um potro pastando e dizer se presta ou não presta.
Falar de fronteira é o vento nas franjas do cinamomo, garoa fina de outono, que embarra chão da mangueira, é buçal e pescoceira que sustenta um sentador, confianças de um domador, isso é falar de fronteira.
Pra se falar de fronteira, tem que falar de boleada,
De uma baita gineteada, de um índio, que virou velo.
Tem que falar de sinuelo, na frente da gadaria,
E sorver sabedorias com quem branqueou o cabelo.
Falar de fronteira é o canto do quero-quero sonoro, ou então, marca dos loro, sobre o canto das campeiras, voz de sincerro e basteira, quando a espora vem cansada, ou sair de uma rodada, isso é falar de fronteira.
Pra se falar de fronteira, tem que falar de invernada,
De mate nas madrugadas, de recolhida e sogueiro.
Tem que falar de um campeiro, que num pialo debochado,
Faz trocar cola de lado de algum metido a matreiro.
Falar de fronteira é sanga, que corta campo dobrado, é polvadeira que o gado deixa cruzando a porteira, é assobio de soiteira, quando a roseta se agarra, por precisão ou por farra, isso é falar de fronteira.
Pra se falar de fronteira, tem que falar de poesia,
De vaca que esconde a cria e touro que ganha o mato.
De miu-miu e carrapato, e o setembro pr'um fronteiro,
Que se ajeita o ano inteiro, pra sair bem no retrato.
Falar de fronteira é o rancho, que abriga um peão sem ninguém, onde as preces pro além, rogam a moça trigueira, é o galho da laranjeira aonde o sábia imponente encanta a alma da gente, isso é falar de fronteira.
Pra se falar de fronteira, tem que falar de galpão,
De tombo e de marcação, e de carreirada e carteado.
De osso branco ferrado, que quando de volta e meia,
Sentindo o gosto da areia, fica quietinho cravado.
Falar de fronteira é isso, é muito mais, sim senhor. respeito, gana e valor, se aprendem pra vida inteira. não julgue pela maneira que aqui se fala ou se veste, pois cá, na fronteira oeste, fronteira não tem fronteira.
Para Hablar de Frontera
Para hablar de frontera, hay que hablar de alambrado,
De montura malgastada y sombrero roto en la cabeza.
Hablar de día de fiesta, con gente bailando,
Y ver un potro pastando y decir si sirve o no sirve.
Hablar de frontera es el viento en las franjas del cinamomo, llovizna fina de otoño, que embarrona el suelo del corral, es cabezada y cabezada que sostiene a un jinete, confianzas de un domador, eso es hablar de frontera.
Para hablar de frontera, hay que hablar de boleada,
De una gran jineteada, de un indio que se volvió lana.
Hay que hablar de sinuelo, frente al ganado,
Y absorber sabidurías con aquellos que han blanqueado el cabello.
Hablar de frontera es el canto del tero sonoro, o la marca de los loros, sobre el canto de las aves de campo, voz de sincero y basteiro, cuando la espuela viene cansada, o salir de una ronda, eso es hablar de frontera.
Para hablar de frontera, hay que hablar de invernada,
De mate en las madrugadas, de recogida y soguero.
Hay que hablar de un gauchito, que con un pialo burlón,
Hace cambiar de lado la cola de algún astuto.
Hablar de frontera es el arroyo, que corta el campo doblado, es el polvillo que el ganado deja al cruzar la tranquera, es el silbido de la soiteira, cuando la roseta se agarra, por precisión o por diversión, eso es hablar de frontera.
Para hablar de frontera, hay que hablar de poesía,
De vaca que esconde la cría y toro que se pierde en el monte.
De miu-miu y garrapata, y el septiembre para un fronterizo,
Que se arregla todo el año, para salir bien en la foto.
Hablar de frontera es el rancho, que alberga a un peón sin nadie, donde las plegarias al más allá, ruegan a la chica trigueña, es la rama del naranjo donde el sabiá imponente encanta el alma de la gente, eso es hablar de frontera.
Para hablar de frontera, hay que hablar de galpón,
De caídas y marcaciones, y de carreras y truco.
De hueso blanco marcado, que cuando de vez en cuando,
Sintiendo el sabor de la arena, se queda quieto clavado.
Hablar de frontera es eso, es mucho más, sí señor. respeto, garra y valor, se aprenden para toda la vida. no juzgues por la forma en que se habla o se viste, porque aquí, en la frontera oeste, la frontera no tiene frontera.