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Una mujer

Giorgio Gaber

Una donna

Una donna fasciata in un abito elegante
una donna che custodisce il bello
una donna felice di essere serpente
una donna infelice di essere questo e quello.

Una donna che a dispetto degli uomini
diffida di quelle cose bianche
che sono le stelle e le lune
una donna cui non piace la fedeltà del cane.

Una donna nuova, appena nata
antica e dignitosa come una regina
una donna sicura e temuta
una donna volgare come una padrona.

Una donna così sospirata
una donna che nasconde tutto
nel suo incomprensibile interno
e che invece è uno spirito chiaro come il giorno.

Una donna, una donna, una donna.

Una donna talmente normale
che rischia di sembrare originale
uno strano animale, debole e forte
in armonia con tutto anche con la morte.

Una donna così generosa
una donna che sa accendere il fuoco
che sa fare l'amore
e che vuole un uomo concreto come un sognatore.

Una donna, una donna, una donna.

Una donna che resiste tenace
una donna diversa e sempre uguale
una donna eterna che crede nella specie
una donna che si ostina ad essere immortale.

Una donna che non conosce
quella stupida emozione
più o meno vanitosa
una donna che nei salotti non fa la spiritosa.

E se questo bisogno maledetto
lasciasse in pace i suoi desideri
e se non le facessero più effetto
i finti amori dei corteggiatori
allora ci sarebbero gli uomini
e un mondo di donne talmente belle
da non avere bisogno
di affezionarsi alla menzogna del nostro sogno.

Una donna, una donna, una donna.
Una donna, una donna, una donna.

Una mujer

Una mujer envuelta en un vestido elegante
una mujer que guarda lo bello
una mujer feliz de ser serpiente
una mujer infeliz de ser esto y aquello.

Una mujer que a pesar de los hombres
desconfía de esas cosas blancas
que son las estrellas y las lunas
una mujer a la que no le gusta la fidelidad del perro.

Una mujer nueva, recién nacida
antigua y digna como una reina
una mujer segura y temida
una mujer vulgar como una patrona.

Una mujer tan suspirada
una mujer que esconde todo
en su incomprensible interior
y que en realidad es un espíritu claro como el día.

Una mujer, una mujer, una mujer.

Una mujer tan normal
que corre el riesgo de parecer original
un extraño animal, débil y fuerte
en armonía con todo incluso con la muerte.

Una mujer tan generosa
una mujer que sabe encender el fuego
que sabe hacer el amor
y que quiere un hombre concreto como un soñador.

Una mujer, una mujer, una mujer.

Una mujer que resiste tenaz
una mujer diferente y siempre igual
una mujer eterna que cree en la especie
una mujer que se empeña en ser inmortal.

Una mujer que no conoce
esa estúpida emoción
más o menos vanidosa
una mujer que en los salones no hace la graciosa.

Y si esta necesidad maldita
dejara en paz sus deseos
y si ya no le afectaran
los amores falsos de los pretendientes
entonces habría hombres
y un mundo de mujeres tan bellas
que no necesitarían
apegarse a la mentira de nuestro sueño.

Una mujer, una mujer, una mujer.
Una mujer, una mujer, una mujer.

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